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LAS ASOCIACIONES DE VECINOS Y LOS POLÍTICOS. José María Rodríguez Díaz (2009)

    Terían sido as eleccións pasadas diferentes de ter o concello un sistema organizado de mantemento de relacións coas asociacións? Coido que non só as eleccións, senón tamén o mesmo querer o Ribadeo que queremos

Viernes, 15 de mayo de 2009

LAS ASOCIACIONES DE VECINOS Y LOS POLÍTICOS

• Publicado por jmrd_ribadeo a las 10:39

Hay que reconocer que la idiosincrasia de la gente, fruto de la cultura heredada, no parece favorecer el florecimiento de las asociaciones. La sociedad actual está enferma de egoísmo. El interés que mucha gente siente por lo público tiene su límite en la cancilla de su jardín.

Pero, como todo, este comportamiento tiene también excepciones. Con más o menos fortuna en el logro de los objetivos que se proponen, existen personas y asociaciones dispuestas a trabajar por el interés general. Y lo hacen gratuitamente, a pesar de la falta de apoyo y el olvido que sufren por parte de las administraciones locales. De hecho, se observa que las asociaciones se encuentran actualmente en auge, no sólo aquellas cuyos objetivos están dirigidos al mundo de la cultura, del deporte o del ocio, sino también las que tienen como objetivo el interés general de los vecinos.

Son los propios aspirantes a alcaldes los que, en su lucha electoral por la conquista del voto, se dedican a hacer halagadoras promesas a las asociaciones. Pero, una vez alcanzado el poder, sus promesas se convierten en el timo del siglo y las condenan al silencio, evitando todo lo que pueda representar cierto control a su forma de gobernar. Y aún quedan en nuestra propia localidad algunos que cuando las intervenciones de las asociaciones les resultan molestas dicen que si quieren opinar de política que se presenten a las elecciones. Son los cancerberos de la oligocracia. La experiencia nos dice que el deseo de ejercer el poder en solitario es una constante en casi toda la clase política. Aún quedan entre nosotros políticos que criticaron con menosprecio aquella manifestación contra la nave en Mirasol diciendo que la manifestación se había hecho para demostrar el poder de convocatoria de algunos. Políticos que, endiosados en la representatividad conseguida en las urnas, tratan de abrogarse el derecho a gobernar ignorando y menospreciando los sentimientos del pueblo. Son los que se empeñan en convertir la democracia en oligocracia, utilizando en su provecho un poder que es del pueblo.

En el ámbito de lo que debe ser la participación ciudadana las experiencias habidas en Ribadeo, salvo alguna honrosa excepción, han sido hasta ahora muy negativas. Pues, llegada la hora de la verdad, la hora del diálogo entre las asociaciones y los alcaldes, las cosas casi nunca fueron por el camino adecuado. El interés personal del alcalde de turno, amparado en el principio de la representatividad legal que la ley le otorga, suele ir muchas veces por caminos distintos al interés de los vecinos. Y fruto de esas actuaciones en solitario son los graves errores de gestión cometidos que dejaron y están dejando sus huellas en este concejo.

La asociación de vecinos O Tesón invitó a todos los portavoces de los grupos políticos que se presentaron a las elecciones municipales en la pasada campaña a incluir en sus programas electorales la promesa de elaborar una ordenanza destinada a regular las relaciones de las asociaciones con el gobierno local. La respuesta a esta llamada fue el silencio. Únicamente el BNG se atrevió a mencionar este tema proponiendo, tímidamente, los “Consellos Parroquiais”, entes destinados a integrar a las personas y colectivos de cada una de las parroquias.

El alcalde actual parecía haber iniciado un camino diferente en sus relaciones con las asociaciones del concejo. Una actitud esperanzadora que le llevó hace tiempo a la promesa de un diálogo permanente y periódico con ellas para escuchar sus inquietudes y aspiraciones. Pero parece que una víctima más del miedo a compartir su responsabilidad de gobierno con el pueblo. Ignora que es el pueblo el verdadero titular de ese poder delegado que él representa. Una representación que, en todo caso, no es reflejo de toda la voluntad popular y que es, por lo tanto, muy limitada.

Es necesario instaurar una nueva forma, más democrática, de ejercer la gestión municipal. Un nuevo estilo de gobernar, más dialogante, en el que la gente pueda ser escuchada. Pues es sabido que aunque el gobernante goce del mandato del pueblo para gobernar y ostente su representación, esta no es un cheque en blanco para hacer y deshacer a su voluntad como hizo en tiempos recientes algún alcalde que llegó al extremo de hacer lo contrario de lo prometido al pueblo en su programa electoral. Porque una cosa es la representación legal que la ley les otorga a los alcaldes y otra muy distinta, y que no siempre coincide, es la voluntad del pueblo a quien dicen representar. Pero ante esto no es de extrañar que se añoren aquellos antiguos tiempos en los que, según nos cuentan las antiguas crónicas municipales, los alcaldes convocaban al son de campana tañida a los vecinos para someter los asuntos públicos a su aprobación. ‘Dichosa edad y dichosos siglos aquellos’, como diría el caballero manchego, en los que los cargos municipales eran elegidos anualmente, para evitar así el acomodo y los abusos de los justicias y regidores que ejercían el poder.-

José Mª Rodríguez

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