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LA ATALAYA YA ES HISTORIA. José María Rodríguez Díaz (2009)

    Coido que a esencia deste artigo está na esencia da Atalaia. Un lugar que José María ten captado cunha sensibilidade que hoxe en día, como tal, desapareceu. Unha sensibilidade que, se non recuperar, ao menos, débese lembrar.

Viernes, 05 de junio de 2009

LA ATALAYA YA ES HISTORIA

• Publicado por jmrd_ribadeo a las 16:11

Ocho siglos de historia tirados por la borda. La megalomanía de un alcalde que, a imitación de Fraga con su Gaiás, quiso perpetuar su memoria entre la sociedad ribadense con la instalación de un ascensor para comunicar la orilla del mar con la Atalaya, ombligo del centro histórico de la villa, es la responsable de la mayor profanación cometida en los últimos años en la destrucción de los rincones históricos de Ribadeo. Y como prima autoritas a nemine judicatur ["a primeira autoridade no é xulgada por ninguen"] todo eso sucedió con la anuencia y el pasotismo de todos los grupos políticos, con la ancestral apatía del pueblo de Ribadeo y con la culpable indiferencia de Patrimonio. La Atalaya, testimonio y expresión de nuestra historia, testigo de todos los acontecimientos importantes que se dieron cita a través de los tiempos en la vida de la medieval villa de Ribadeo, en un momento de ofuscamiento y obcecación y de un solo plumazo fue profanada y expulsada del catálogo de los monumentos históricos de Ribadeo. Ese bello rincón, ese lugar sagrado en donde los vecinos se reunieron durante cientos de años, convocados al son de las campanas de la capilla, para tratar y decidir los asuntos de la comunidad ya es historia pasada. Consumatum est. La Atalaya que recordamos se acabó. Profanada por las equivocadas innovaciones que impone el falso progreso y las decisiones precipitadas de un alcalde perdió su personalidad, su virginidad y su belleza.

Ignoro cómo será en el futuro de este histórico y bello rincón. Pero ya nunca será lo que fue. Nunca más en él se podrán celebrar las procesiones en derredor de la antigua capilla de la Trinidad. Le han robado su atrio, sin el cual una capilla no es nada. Le han robado su alma y su belleza. Han destruido el bello entorno que la rodeaba por todas partes. La romántica intimidad de ese rincón, tan visitado por los ribadenses que buscaban la soledad y la paz de ese idílico paraje, ha sido profanada. La atrevida y osada ignorancia de un alcalde, que gobernó los destinos de Ribadeo como si fuera su chiringuito particular, aplaudido por los acólitos que lo coreaban, estómagos agradecidos que le mecían el incensario de la adulación, ha sido la responsable de este atropello. Los restantes grupos políticos, entretenidos en superar sus luchas internas y en la conquista del voto para recuperar el poder, ni siquiera movieron un dedo en defensa de lo que era el alma y la historia de Ribadeo. Más bien al contrario, asumieron en silencio, mirando para otro lado, las equivocadas decisiones que se tomaron entonces sin pensar en las negativas consecuencias futuras. Y el pueblo, como siempre, permaneció callado y ausente, y así continúa aún hoy, enmudecido, mirando tras los cristales de sus ventanas cómo se ceba la borrasca sobre las tradicionales esencias y valores de su villa natal. Y Patrimonio, tan celoso en otros tiempos en la conservación de nuestros tesoros, permanece hoy insensible y ausente en la protección de nuestros espacios históricos, sin importarle la destrucción de la antigua muralla o el quebranto de las normas de protección del casco antiguo y de los espacios históricos y tradicionales, como era este de la Atalaya, baluarte inexpugnable y defensivo del Ribadeo medieval.

¿Qué razones justificaron este atentado? ¿Qué beneficios se van a seguir de esta actuación? ¿Quién saldrá beneficiado de este atropello contra las esencias de Ribadeo? ¿Es ese el camino para restaurar los tradicionales valores históricos y arquitectónicos del casco antiguo de nuestra villa? ¿Es ese el camino para recuperar nuestra historia y conservar nuestras raíces?

He ahí los primeros frutos de esa descabellada idea de la instalación del ascensor, inexplicablemente asumido por todos. Una actuación que tendrá el mismo inútil destino que tuvo el nuevo espacio que se creó frente al Cantón a costa de un vial y que nadie utiliza. A estas seguirán otras secuelas perniciosas, no menos sorprendentes como imprevistas. La Atalaya era el espejo en donde el pueblo de Ribadeo se miraba a sí mismo. Era el compendio de su historia pasada. Perdida la Atalaya, Ribadeo ha perdido su esencia, y con ella su alma y sus raíces. Requiescat in pace.-

José Mª Rodríguez

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