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20230630

LA COLEGIATA DE RIBADEO. José María Rodríguez Díaz (2009)

    Un libro enteiro (en 2011) adicou José María a este tema. O artigo que copio en baixo, polo tanto, non é nada máis ca un esquema / resumo do por el investigado. Unha nota máis: calquera día fago un esquema do templo a partir da descrición de José María... (no seu libro xa aparece o plano da 'Nova Colegiata')

O libro


Miércoles, 24 de junio de 2009

LA COLEGIATA DE RIBADEO

• Publicado por jmrd_ribadeo a las 17:58

La estancia de la Sede episcopal mindoniense en Ribadeo fue breve. Sólo 36 años. Los documentos de la época no nos dan cuenta de las razones que movieron al rey de León, Fernando II, a trasladarla desde Mondoñedo a Ribadeo. ¿Fueron razones de índole pastoral para situar la sede más próxima al occidente de Asturias, que desde la cuenca del Navia pertenecía entonces a la Sede mindoniense? ¿Fueron razones de orden económico-mercantil derivadas de la situación geográfica de la villa de Ribadeo? Lo único que dice el rey en el documento del traslado es que lo hace “para incremento de mi reino y servicio mío y de mi heredero”.

Con la pérdida de la sede episcopal, Ribadeo se sintió herido de muerte. El fallecimiento del obispo don Pelayo, ocurrida en el año 1218, junto con la pérdida de la Sede dejó a la villa sumida en una gran orfandad. De los privilegios de que gozara con motivo de la estancia de la sede episcopal sólo quedaba, profundamente gravada en la gente, la imagen de santidad de su último y venerable obispo y una iglesia vacía, sin obispo que pastoreara a sus fieles, ni cabildo que cantara solemnemente el oficio divino en el coro de su catedral. El Padre Flórez, en su obra España Sagrada, escrita en 1764, describe los sentimientos del pueblo de Ribadeo con estas palabras: “La villa de Ribadeo se hallaba muy resentida de que le hubiesen quitado la Sede Pontificia: y cómo de una Iglesia Chatedral la redujeron a una parroquia desatendida”.

Pero Ribadeo se resistió a aceptar su suerte y se reveló contra su triste destino. El concejo, haciendo valer los derechos adquiridos de haber sido sede episcopal, se dirigió al obispo don Nuño II y al Cabildo de Mondoñedo exigiendo que proveyesen a su iglesia de ministros. “Y hallándolo conveniente – continúa diciendo el P. Flórez – firmó don Nuño y su Cabildo una Concordia en lengua vulgar, en el año 1270, por la cual se obligaron a poner en Ribadeo un Canónigo y cuatro Racioneros de Mondoñedo, los cuales residiesen y autorizasen el culto en la Iglesia de Ribadeo”.

El texto original de este documento de Concordia, que figura hoy en un pergamino que se conserva en el Archivo de la Catedral de Mondoñedo dice, entre otras cosas: “Et con este quatro razoeiros deuemos senpre a proueer y dum cooygo unde nos quesermos et qual nos quesermos”. Con estas solemnes palabras la catedral de don Pelayo quedó convertida en Colegiata y dotada con un cabildo compuesto por un canónigo y cuatro racioneros que ejercerían las funciones de Cabildo de la Colegiata de Ribadeo. Un título y un honor que Ribadeo ostentó hasta el año 1851 en que le fue suprimido por el Concordato de Isabel II.

La Colegiata estaba situada fuera de las murallas, en el Campo de Santa María, así llamado por la dedicación de la catedral a la Virgen María, en las proximidades de la actual Oficina de Turismo.

Pero, ¿cómo era la vieja Colegiata? Por los datos que aporta en su informe el perito que la describió antes de su demolición sabemos que la Colegiata era un templo de tres naves y de planta basilical. Tenía las columnas y el techo de madera y el tejado de losa. La capilla mayor y las dos capillas colaterales tenían arcos y bóvedas de cantería. La capilla mayor, formada por un arco de medio punto, tenía 46 pies de alto y 27 de ancho. La capilla mayor estaba separada de la nave por una verja de hierro y a ambos lados de la capilla mayor había dos púlpitos, también de hierro. El coro, que era de madera tallada y estaba situado en el centro de la nave como era usual en el medievo, estaba formado por veinte sillas de madera noble en la parte superior, reservadas a los canónigos y trece en la inferior para el clero bajo, con el facistol en el centro para sostener los libros corales que se usaban en el canto de las horas canónicas. De la situación del órgano en el templo no se tienen datos exactos. En la capilla lateral del lado de la epístola, dedicada al Ecce-Homo y a San Sebastián había un nicho rodeado de siete escudos, perteneciente, probablemente, a alguno de los condes de Villandrando. La capilla lateral del lado del evangelio estaba dedicada al Espíritu Santo.

Aunque inicialmente contó sólo con tres capillas, con el tiempo fueron autorizándose más patronatos hasta llegar a poseer cinco capillas en siglo XVI. Se sabe que tenía, además, un claustro o atrio sin que haya constancia de su forma y situación. Su estructura poco tenía que ver con las formidables catedrales que estamos acostumbrados a ver. La brevedad del tiempo empleado en su construcción y los escasos medios económicos de que se disponía en aquellos tiempos para su construcción no permitían otras aspiraciones. Pero a pesar de su precariedad sobrevivió hasta el año 1777, año en que fue declarada en ruina, para ser demolida en junio del año 1788. Por desgracia, con su demolición se perdieron todos los escudos y blasones de los nobles patronos de las capillas, incluido el sarcófago del llorado y santo obispo don Pelayo.

Desde el año 1777, en que había sido declarada en estado de ruina, el culto parroquial pasó a ejercerse en la capilla del Hospital de San Sebastián, en donde continuó desempeñándose, en situaciones precarias por falta de espacio, hasta el 1º de noviembre del año 1835, fecha de su solemne traslado, una vez exclaustrados los frailes franciscanos, a la vieja iglesia del convento de San Francisco, en donde aún sigue actualmente, después de haber sido totalmente reparada a principios del siglo XX.-

José Mª Rodríguez

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20210621

HERMANAMIENTO CON LOS BRETONES DE LOCTUDY. José Mª Rodríguez Díaz (2006)

Artigo publicado por José Mª Rodríguez Díaz no seu blog O Cargadoiro (xa non funcional) o 30 de setembro de 2006. Britonia e os avatares da súa diócese foron un atractor para José Mª durante moito tempo.

Sábado, 30 de septiembre de 2006

HERMANAMIENTO CON LOS BRETONES DE LOCTUDY

• Publicado por jmrd_ribadeo a las 22:01

El enlace entre Ribadeo y Loctudy, finalmente, se consumó. El pasado 9 de septiembre estos dos pueblos se unieron en un abrazo de hermanamiento en una ceremonia festiva en los salones municipales de Ribadeo, con toda solemnidad, como si fuera un enlace nupcial. Los buenos oficios de Philippe Le Goff, con experiencia en estas uniones de conveniencia, hicieron el milagro de hermanar a estas dos villas. Desde aquí mis parabienes a ambas y el deseo de una larga vida feliz, unidas en su fraterno destino.

Pero no se puede ignorar que corren tiempos difíciles para estas uniones. Las rupturas de los enlaces sentimentales acechan a la vuelta de cada esquina y los divorcios están hoy a la orden del día. fácilmente se pueden romper, si los lazos de estas alianzas no son muy firmes. Para llevar a cabo un hermanamiento entre dos pueblos hacen falta fuertes vinculaciones que lo sostengan. ¿Y qué solidez pueden tener los intereses comunes y los lazos que unen a estos dos pueblos, de lengua y costumbres distintas, para que perdure su unión fraternal?

El viaje que los bretones franceses de Loctudy, villa de la antigua Armórica, emprendieron hacia Galicia, no era desacertado. Un instinto atávico les guiaba en busca de sus ancestros, emigrados a estas tierras hace ya muchos años. En busca de sus parientes lejanos que, siglos antes, habían recorrido el mismo camino. Su destino debía haber sido Foz, y no Ribadeo, pues en las proximidades de esta villa se asentaron sus antepasados bretones, hombres de mar, cuando ya a finales del siglo IV, enviados por el emperador cristiano Máximo, arribaron a estas costas para construir las defensas marítimas y combatir al priscilianismo. Más tarde, durante el siglo V y comienzos del VI, nuevas expediciones de bretones llegaron a estas tierras desde las islas Británicas huyendo de la invasión anglosajona, o quizás, y más probablemente, según se deduce del nombre de su primer obispo, Mailoc, desde la misma Bretaña francesa. Eligiendo la mar como ruta, dirigieron sus naves hacia Galicia, recalando en los puertos de Foz o, quizás, de Ribadeo, para poblar este territorio, estableciéndose en su litoral.

Y en el castro de ‘Mindonio’ o ‘Mindonieto’ (monte de aguas abundantes), erigieron el Monasterio de Máximo, centro espiritual de la comunidad bretona, citado ya en el siglo VI, origen de la que más tarde sería la catedral de San Martín. Habitado por los primeros monjes bretones, con su abad-obispo, Mailoc, al frente, recibió este nombre, probablemente, en honor al emperador Máximo que, después de haber decapitado a Prisciliano, los había mandado a estas tierras para luchar contra el priscilianismo y, más tarde, contra el arrianismo que practicaban los suevos. Desde su monasterio, en Mindonieto, este obispo se dedicó a pastorearlos, como también a las gentes autóctonas, fundando así una diócesis de carácter personal, llamada ‘de los bretones’ o ‘britaniense’, por el nombre de origen de los pobladores, que se extendió por todo el norte de Galicia hasta Fisterra y por toda la costa asturiana, subsistiendo hasta la alta edad media. Como reliquias de esa realidad histórica quedaron ciertos enclaves que, como Camariñas o Miño, pertenecieron a la diócesis de Mondoñedo hasta hace poco. La nueva reestructuración de las diócesis, hecha en la edad media, hizo que las de Oviedo y Mondoñedo, que concurrían sobre el territorio de la de los bretones, quedaran fijadas tal como hoy las conocemos, con la sede de esta última en Mindonieto. ¿Por qué, precisamente, en Mindonieto? Algo, sin duda, muy importante debía haber allí en esas fechas que determinó la continuación en ese lugar de la sede episcopal. Era, sin duda, la presencia del Monasterio de Máximo, con la sede episcopal de los bretones. Sólo la presencia de este importante monasterio, con su sede episcopal, en ‘Mindonieto’, puede explicar el desplazamiento hasta aquí, en el siglo VIII, de la comunidad monacal de Dumio, situado cerca de Braga, que con su abad-obispo Sabarico I al frente, huyendo de los sarracenos, así como de las peleas con los priscilianistas y los arrianos, se vinieron a refugiar a este lugar. Con la llegada de los dumienses, que eran suevos, se produjo el cambio de nombre de la diócesis de ‘Bretonia’ por el de ‘Mendunieto’, pues la conexión con los bretones originales ya se iba perdiendo por esas fechas. Y en Mindonieto, hoy San Martín, permaneció la sede episcopal, hasta que, en el siglo XII, fue trasladada a Mondoñedo, antes Vilamayor de Brea, en donde permanece hasta nuestros días, con un breve paréntesis intermedio en Ribadeo, en 1182, quizás para salvar los límites territoriales que entonces llegaban hasta el río Navia. Esta interpretación de la historia, defendida por prestigiosos historiadores, no es compartida por todos. Algunos, basándose en la lectura de un texto del siglo VI, tomado del concilio de Lugo, y que reproduce el Parroquial Suevo, que dice: ‘a la sede de los britones’

Para llegar a esta conclusión se apoyan, también, en la confusión que genera la homofonía del actual nombre de Bretoña con las palabras Britones, Britonenses, Britonorum y Bretonicam, que aparecen citadas en diversos documentos de esa época. Pero, ni la expresión ‘junto con el monasterio de Máximo’ implica necesariamente la ubicación de este monasterio en Bretoña, ni de la frase ‘sede britonense’ del concilio de Braga, ni tampoco de la homofonía entre Bretoña y las palabras citadas se puede deducir la ubicación de la sede en esa localidad. Existen otros lugares con el mismo topánimo de Bretoña, Bertoña o Bertonia, tanto en Lugo, como en Coruña y Pontevedra, y aún en Asturias que, aunque todos ellos se remontan a la primera colonización celta del siglo VI, no por eso se atribuyen el monasterio citado.

Por otra parte no deja de ser sintomático que la toponimia de la comarca de Pastoriza, a la que pertenece Bretoña, nos presenta este topónimo rodeado de nombres de origen suevo o latino, lo que demuestra que el núcleo de dicha comarca estaba habitado por celtas romanos, pero rodeado por pueblos de origen suevo, que sin duda, impedirían el acceso hasta allí de los posibles bretones que llegaran más tarde.

Cabe pensar, además, que si en Bretoña hubiera algo más importante que en San Martín, lo hubieran elegido los dumienses como destino en vez de este último. Sólo la presencia de este importante monasterio en Mindonieto, y no en Bretoña, explica suficientemente el desplazamiento de los monjes de Dumio hasta esa localidad.

No parece, tampoco, muy acertado pensar que los mojes bretones, hombres de mar, procedentes de las costas britúnicas o francesas, se instalaran en una zona del interior de esta comarca, por otra parte muy incomunicada, en vez de hacerlo en el litoral en donde estaban asentadas todas sus gentes.

Todas estas parecen ser razones suficientes que avalan la interpretación de que la sede y el monasterio de los bretones no estaban en Bretoña, sino en San Martín.

Sea como sea la historia, - son pocos los testimonios escritos que existen de esa época - el asentamiento de los bretones en estas tierras tuvo un papel muy importante y destacado, como puente cultural, a través de los intercambios entre los distintos monasterios entre Galicia y la tierra de los bretones, tanto insulares como franceses. Descubrir estos lazos comunes, hoy desaparecidos por el transcurso del tiempo, no es fácil tarea, pero puede y debe ser, a falta de otros lazos más sólidos, el objetivo que dé sentido a este hermanamiento entre Loctudy y Ribadeo. Buscar y descubrir en la historia pasada los orígenes comunes de los dos pueblos, explorar las afinidades culturales que puedan tener y estudiar a fondo la arqueología de San Martín con este fin, pudiera ser el camino a recorrer para que este hermanamiento, que debió haber sido hecho con Foz, tenga sentido y pueda perdurar en el tiempo como vínculo entre estos dos pueblos que las buenas artes de Philippe Le Goff lograron unir.-

José Mª Rodríguez

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20160623

ESPERAUTANO Y LA CRISTIANIZACIÓN DE LA COMARCA DEL EO, artigo de José Mª Rodríguez Díaz

Corto, pego e engado ligazóns e imaxe, dende http://cargadoiro.blogcindario.com/2016/06/00461-esperautano-y-la-cristianizacion-de-la-comarca-del-eo.html:
En el Documento del rey don Silo (ver o documento 'lexible' en http://iglesiasantianes.galeon.com/Documentos/diploma.pdf),
emitido en el año 775 por este rey asturiano  con residencia en Pravia y séptimo rey de la Gallaecia después de la desaparición de los suevos y visigodos, se contiene la donación de un cillero y un coto a una pequeña comunidad de religiosos, monjes o anacoretas, residentes en la comarca del Eo, en el lugar hoy conocido con el nombre de A Graña, en la parroquia de Ove. El citado documento está dirigido a los “hermanos y siervos de Dios, Petri presbiteri, Alanti conversi, Lubini conversi, Aviti presbitero, Valentini  presbitero et…” y a otros hermanos que con ellos vivían en ese citado lugar. La donación de esta propiedad tenía por objeto la construcción de un monasterio o casa de oración, con la carga de encomendar al rey en sus oraciones.
            Establecer la ubicación de este monasterio, denominado Monasterio de San Martín y San Esteban de Esperautano, así como también la extensión del coto objeto de la donación, fue tema de investigación para muchos estudiosos, que fracasaron en su intento. Fiados en algunos de los muchos topónimos que aparecen citados en el documento, unos lo situaron en Abres, otros en el lugar de Celeirós (Cubelas), en Celeiro de Mariñaos o en San Cosme de Barreiros. El desconocimiento de la micro-toponimia local de esta comarca, ahora por fortuna recuperada, les impedía identificar y reconocer acertadamente los topónimos contenidos en el citado documento para poder situar correctamente, tanto el mencionado cillero objeto de la donación, como los límites de su coto. Hoy se puede afirmar con toda certeza que la coincidencia de los topónimos citados en el documento de donación con la micro-toponimia de esta comarca es total. Lo que permite establecer con suficiente precisión y seguridad no sólo la ubicación de este monasterio en el lugar de A Graña, en la parroquia de Ove, a tres kilómetros de Ribadeo, sino también la situación y extensión de su coto, que comprendía aproximadamente el territorio ocupado por las actuales parroquias de Ove, Cubelas, Arante, Cedofeita y Vilaosende.
            ¿A qué orden monástica pertenecían sus monjes? ¿Se trataba de simples anacoretas, o de monjes de la orden de San Agustín o de San Fructuoso? Aunque no se dispone de datos documentados acerca de la orden o congregación monacal a la que pudo pertenecer este monasterio, su posterior integración en el monasterio benedictino de Lourenzá hace suponer que pudiera haber pertenecido a la Orden de San Benito, que  empezaba a extenderse por toda la Gallaecia.
La actividad de este cenobio debió de ser breve en el tiempo, no superando los dos siglos, aproximadamente. Pero su extensa y profunda actividad misionera tuvo lugar en un período en el que las comunidades cristianas de esta amplia comarca caminaban como ovejas sin pastor en una etapa en la que una gran parte de la comarca comprendida entre el Eo y el Masma era dependiente de la Sede episcopal de León. ¿A que se debió este cambio de jurisdicción? ¿A la voluntad de los reyes de Oviedo, señores de este territorio y dependientes de la jurisdicción episcopal de León antes de la creación del obispado de Oviedo después de la desaparición de la Sede britona? Cualquiera de estos dos factores, o los dos juntos, pudieron haber sido los responsables de esta extraña situación. Con la desaparición, en el año 693, del último obispo de la Sede de los britones, Suniagisio, en San Martín de Mondoñedo, se produjo un período de vacío jurisdiccional en esta comarca. Un largo período sin autoridad religiosa próxima alguna hasta que en el año 842 reaparece de nuevo con la reconstrucción de la catedral de San Martín de Mondoñedo y el nombramiento por el rey Alfonso II de Oviedo de un obispo, cuyo nombre se desconoce, para dicha Sede. Una larga etapa de vacío jurisdiccional que explica la adscripción de algunas de las diversas comarcas de la antigua Sede de los Britones a las Sedes de Compostela, Lugo o León, como fue el caso de la comarca comprendida entre el Eo y el Masma que en los tiempos del rey Ordoño I (850-866) pasó a pertenecer a la jurisdicción de la Sede episcopal de León. Entre las parroquias de esta comarca que pasaron a León el P. Flórez cita, entre otras, a San Martín de Esperautani (A Graña-Ove), S. Pedro de Alanti (Arante) y Sta. María de Tabulata (Trabada). (Es, precisamente, su pertenencia a esta Sede la razón por la que el Diploma del rey don Silo se encuentra actualmente en el archivo de la catedral de León). La pertenencia de este monasterio a la Sede de León debió de ser breve, pues en el año 958 pasó a pertenecer al monasterio de Lourenzá. Y poco tiempo después, en el año 1157, por un intercambio de bienes realizado entre el monasterio de Lourenzá y el cisterciense de Meira, este monasterio de Esperautano pasó a pertenecer al de Meira, que lo convirtió en una importante granja de producción vinícola.
Testigos vivos de la presencia del monasterio de San Martín y San Esteban de Esperautano en ese lugar, y su posterior conversión en granja vinícola, son algunos de los nombres que perduran vivos aun en la toponimia actual de esa localidad, como son, respectivamente, el “regato de San Martín” y la “capilla de San Esteban” en ese paraje, así como el de “Rego da Viña” con el que aún hoy se designa a un pequeño regato de ese lugar, o el propio nombre de “A Graña”, versión gallega de Granja, palabra de origen francés, introducida en España por los monjes cistercienses para denominar con ella sus grandes establecimientos agrícolas.
Aunque breve en el tiempo, la influencia que tuvo este histórico cenobio en la actividad religiosa de esta comarca debió de ser, sin duda, muy importante a juzgar por las muchas iglesias y pequeños cenobios o “Casas de Oración”, que la intensa acción pastoral y misionera de estos mojes fundó y organizó en tan pocos años en todo este territorio. Pueden citarse entre otros, por estar debidamente documentada su existencia ya en el siglo XII, los pequeños monasterios o “beateríos” de Santa María de Asanza (actual As Anzas), Santa María Magdalena en Piñeiro de Cedofeita, Santiago de Reme, Santa Eulalia de Ermolfi en A Devesa y Santa María en Trabada. Fundaciones estas que, siguiendo el mismo destino del monasterio matriz de Esperautano, pasaron a depender más tarde del monasterio benedictino de Lourenzá para desaparecer con el paso del tiempo. El mismo testamento por el que el rey Ordoño III dona al conde Osorio Gutierrez, para él y sus monjes de Lourenzá, el citado monasterio de Esperautano, utiliza la expresión: “…Id sunt: Sancto Martino de Asperotani, cum omnes ecclesias sibi subditas… alia ecclesia  Sancti Stephani Rippa Masme…”. La expresión “… junto con otras iglesias que le pertenecen…” confirma por si sola la actividad de estos monjes.
La importante actividad religiosa desarrollada por los monjes del monasterio de Esperautano en la evangelización y estructuración religiosa de los núcleos rurales que poblaban esta comarca se puede deducir fácilmente de los datos que nos dejaron los documentos medievales y la propia toponimia local. Baste citar, como ejemplo, el testimonio aportado por el P. Flórez, en su obra España Sagrada, en la que cita un antiguo documento del año 916, perteneciente al archivo de la catedral de León, en el que se refiere a la iglesia de Arante como “… ecclesia Santi Petri de Alanti”. Un nombre que se corresponde literalmente con el de uno de los novicios del grupo de los fundadores del Monasterio de Esperautano, el del converso Alanti, citado en el Diploma del rey don Silo. Una prueba evidente, sin duda, de la actividad de este monje en la evangelización de las comunidades rurales de ese coto y, en concreto, de la autoría de la iglesia de Alanti, templo al que le dieron su nombre y que aún hoy conserva bajo la forma evolucionada de “Arante”. Un topónimo en el que, como es frecuente en muchas palabras, la consonante líquida – l - se cambia en  - r -, como ecclesia > igrexa, y con relajación de la - i - final en  - e -, como Rudesindi > Rosende. Y no es menos significativo, tampoco, el hecho de que esta iglesia de Arante, junto con el monasterio de Esperautano, pasara a pertenecer al monasterio de Lourenzá, permaneciendo bajo la administración religiosa y dominio señorial de sus monjes que, hasta el siglo XVIII, percibían la mitad de los diezmos de Remourelle y la tercera parte de los de Arante; un vestigio testimonial de su anterior propiedad. La actividad fundacional de los monjes de Esperautano en la cristianización de este territorio queda, asimismo, reflejada en la existencia, atestiguada ya en el siglo X en algún caso, de los muchos templos dedicados a San Esteban, advocación bajo cuyo patrocinio, compartido con el de San Martín, figuraba el monasterio de Esperautano. Entre ellos cabe citar la ermita de Santo Estevo de Augas Santas en San Cosme de Barreiros, la de Santo Estevo de Pagá en San Miguel de Reinante, Santo Estevo de Tabulata en Trabada, Santo Estevo de Rececende, Santo Estevo de Fórnea o la misma capilla actual dedicada a Santo Estevo en A Graña, heredera del primitivo patrono del citado monasterio.
            Testimonios históricos todos los citados de la importante actividad misionera de estos monjes, precisamente en aquellos lejanos tiempos de la alta Edad Media en los que aún perduraban entre las rústicas comunidades cristianas ciertos substratos de las creencias paganas que la extensa acción misionera de Prisciliano no había sido capaz de desterrar totalmente, como lo corrobora el mismo San Martín de Dumio en su obra De correctione rusticorum, dedicada a combatir ciertas prácticas, como la superstición, la idolatría, la adivinación, la brujería, etc. Sin ignorar, tampoco, el peligro que para los iletrados cristianos de esta comarca representaban las secuelas de la herejía arriana unitaria, introducida años antes por los suevos y los visigodos, así como también la adopcionista, defendida y propugnada por el obispo de Toledo, Elipando, que con el apoyo del obispo Ascarico de Braga, metropolitano entonces de las Sedes episcopales de la Gallaecia, empezaba a extenderse por esta antigua nación, y contra la que reaccionaron los monarcas desde Asturias, asesorados e impulsados por el Beato de Liébana. Una situación religiosa precaria, sin duda, que explica la razón y el motivo de esta fundación monacal por el rey don Silo en esta comarca del Eo en aquellos remotos tiempos.
Documento do Rei Silo
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 Obras de José Mª Rodríguez

20211017

ASÍ ES MONDOÑEDO. José María Rodríguez Díaz (2007)

  Unha das súas entradas máis longas, para un sitio moi querido, onde pasou quizáis os mellores anos da súa vida. Unha entrada poética e ilustrativa declaración de amornun recorrido por historia e cultura. E algunha frase para a lembranza, como a que di 'e, á xente que non lle puido chegar a cultura, chegoulle a educación'.

Jueves, 29 de marzo de 2007

ASÍ ES MONDOÑEDO

Una pequeña ciudad, construida en piedra, con calles estrechas y tortuosas, bordeadas por palacios y casas antiguas, con sus escudos y portalones, sus patios y sus balcones de hierro forjado en la antigua fábrica de Sargadelos, que yace dormida a los pies del Padornelo que, como un león recostado, la protege y vigila. Una pequeña ciudad que, a través del paisaje que la rodea, de las antiguas piedras de que está hecha y hasta de la misma lluvia que moja sus calles en los largos inviernos, expresa paz y silencio. Una ciudad, como la definía Cunqueiro, de casi mil años de vida canónica, aristocrática y letrada. Una ciudad con esa belleza y ese silencio que ha inspirado a tantos poetas, músicos y escritores. Una ciudad rodeada de hermosos valles, como los de Viloalle, Masma o Couboeira, sugestivas encañadas estrechas, como las de Valiñadares o la Fervenza y altos miradores como el de Fiouco, Padornelo o Tronceda. Una ciudad con un patrimonio paisajístico inigualable como no posee ningún otro pueblo de su contorno. Una ciudad que guarda un monacal y eterno silencio desde la muerte de su Mariscal. Una ciudad creada por tantos personajes ilustres que construyeron su historia y por las gentes que viven en ella, con su cultura y su sencillez.
¿Por qué es esta ciudad distinta de otras? ¿Cuál es su secreto? La respuesta está en su historia, en las especiales circunstancias en las que se desenvolvió su trayectoria a través de los tiempos hasta la actualidad.
Ya desde el siglo XII la sede episcopal va a marcar su vida y su futuro. La importancia del mecenazgo y la cultura que imprimió la sede episcopal a la vida de la ciudad y de sus gentes fue determinante para configurar esa forma especial de ser de sus gentes. Y lo fue hasta tal punto que a la sede le debe la ciudad, incluso, su nombre, importado del cercano pueblo de San Martín, en donde estaba primeramente ubicada la sede episcopal. Desde su papel de Señores de la Ciudad toda la vida de Mondoñedo gira en torno a sus obispos que son los que marcan su ritmo religioso, político, social y cultural. A muchos de ellos, como a Muñóz y Salcedo o a Sarmiento debe Mondoñedo sus grandes estructuras monumentales. Porque de la iglesia salía no solamente la palabra de Dios, sino, también, la gramática, la filosofía, las ciencias y las artes. En una palabra, todo el acerbo cultural que la ciudad heredó. Basta pensar en la influencia que ejerció su catedral en la vida de la ciudad. Durante un largo período de su historia la catedral, verdadero corazón de la ciudad, iba a ser la única fuente de formación de que en aquel entonces se disponía, y del que otros pueblos de su entorno no disfrutaban. Allí acudía masivamente la gente en los tiempos pasados a escuchar los famosos sermones de los canónigos magistrales en las grandes solemnidades, las famosas disertaciones públicas de los opositores a las canonjías, sobre cuya maestría y destreza luego la gente discutía en la calle, las grandes interpretaciones musicales de la orquesta catedralícia o la asistencia a las aulas en donde muchos niños y jóvenes de Mondoñedo, los niños de coro, recibían una formación musical y humanística de alto nivel. Las representaciones de los autos sacramentales de nuestros clásicos de la edad media y todas las actividades culturales que se derivaban del culto catedralicio, todo ello era como una gran aula magna al alcance del pueblo que en masa allí acudía para convertir su ocio en cultura. Hasta tal punto el pueblo vivía y participaba en los avatares culturales de la catedral que en unas oposiciones celebradas en mayo de 1900 a la canonjía de magistral, circuló por la ciudad un folleto criticando el resultado de la contienda en la que le habían usurpado la plaza al opositor D. Antonio Mª Agrelo, tío del que más tarde sería cura de la parroquia de Santiago de la ciudad, D. José Mª Agrelo, que aún hoy algunos mayores recuerdan. En ese folleto se criticaba la actuación de los demás opositores con estas palabras: “¡Qué desbarajuste, qué confusión de ideas! ¡Qué significado desconocimiento de las más rudimentarias reglas de la vida logística! ¡Qué exposición de premisas! ¡Qué consecuencias de pie de banco! ¡Qué lógica más peregrina, niñas de la catequesis! ¡Fustibus est arguendum! ¡A palo limpio, debiera ahuyentarlo de allí Bertolo en persona o Ferrerías, el excusador de las Somozas… para que fuese a hacer comedias a la plaza!” Y terminaba diciendo: “¡Mientras haya mujeres bonitas en los Molinos no quedarán sin castigo los vejámenes que tomemos en serio los de Mondoñedo!” Todo esto demuestra hasta qué punto el pueblo vivía y participaba por aquellos tiempos en los avatares de la vida catedralícia y la influencia que esta ejercía en el pueblo.
La misma presencia del entonces numeroso clero catedralicio, gente selecta en lo cultural, ejerció una marcada influencia entre los mindonienses, que se prolongó aún hasta nuestros días. Exponente de esta influencia era aquella participación de los canónigos en la vida socio política de la ciudad, tan bien reflejada en la prensa local de principios del siglo pasado, como Don Fino o La Voz de Mondoñedo. Y ya en nuestros tiempos, ¿quién no recuerda las cultas y enriquecedoras tertulias que tenían lugar en los bares, en las barberías, en las boticas, en las zapaterías o en los comercios de la ciudad, convertidos espontáneamente en aulas universitarias? Eran famosas las reuniones que tenían lugar en la tienda de Bernardino Vidarte, convertida en un verdadero ateneo literario abierto a todo el mundo, en donde las jóvenes promesas de la literatura, como Cunqueiro, empezaban a hacer sus pinitos. ¿Quién no recuerda las cultas charlas del gran conversador y articulista, D. Manuel Rico, en la barbería de Dionisio, en donde se hablaba de todo, desde el libro de los “Desconxuros para sacar as eirugas das hortas” hasta los comentarios sobre las fabulaciones de Cunqueiro?. ¿O las amenas conversaciones de D. Manuel Lamas en la Librería Montero comentando con gracia y parsimonia los temas de actualidad que aparecían en los periódicos? ¿O las científicas explicaciones de D. José Cascudo, en la tienda de Castañal, sobre la vida de las abejas o sobre las setas, mientras esperaba la hora del coro? El mismo repartidor de la prensa en la ciudad era un culto canónigo de la Catedral e ilustre catedrático de latín en el seminario Y esta espontánea transmisión de cultura no era patrimonio exclusivo de los eclesiásticos, sino que había trascendido al mundo de los laicos, creando una especie de escuela de enseñanza peripatética. ¿Quién no recuerda, sino, las lecciones de historia que impartía D. Juan Mon en el Bar Central a la sombra de un café mientras el público escuchaba, callado y atento, sus largos y brillantes monólogos? ¿O las técnicas y explicaciones y discusiones que sobre música y literatura tenían lugar en la barbería de O Pallarego?
Otro factor de no menor importancia que contribuyó a impregnar de cultura a la sociedad mindoniense y conformar así la idiosincrasia de su población, y que aún perdura hasta hoy, fue la enorme influencia que tuvo el seminario conciliar de Santa Catalina.
El seminario actual no siempre fue tal como hoy lo conocemos o como era en mis tiempos de estudiante. Entonces funcionaba como un internado en el que sólo los jueves y los domingos salíamos a dar un paseo caminando por alguna de las recónditas calles de la ciudad y sin contacto alguno con la población. Pero, aunque el seminario fue siempre un centro de cultura y comunicación de nivel superior, hubo otros tiempos, muy anteriores a los que hoy recordamos, en los que la intercomunicación entre el pueblo y el seminario era mucho más profunda. Tiempos en los que los estudiantes se hospedaban en las casas particulares de la ciudad, prolongando así en ellas la vida cultural del seminario, mientras que otros muchos jóvenes de la ciudad cursaban sus estudios en el seminario enriqueciendo con su adquirida cultura en ambiente social de la ciudad. Todo ello sin contar con el ilustre claustro de profesores, élite intelectual de Mondoñedo, muchos de los cuales compartían su vida en estrecho contacto con el pueblo, integrándose en el como personajes ilustres y hasta anecdóticos, algunas veces. Una intercomunicación tan profunda que hacía que la vida cultural del seminario trascendiera al ámbito de la población mindoniense, irradiando inteligencia y cultura y que aún hoy se palpa en el ambiente de la ciudad. Sólo así se explica la existencia de esa pléyade de poetas y escritores, casi todos ellos vinculados al seminario, en cuyas aulas adquirieron su formación humanística a través del estudio de los clásicos latinos, guiados por sabios maestros latinistas, como D. Francisco Fanego. Por eso, cuando en mis conversaciones por el mundo adelante quería yo reflejar las cualidades que diferencian a la gente de Mondoñedo de la de otros pueblos, lo hacía diciendo que en Mondoñedo era normal encontrarse con un molinero que era poeta, un zapatero escritor o un barbero compositor. Tal era el nivel cultural y la idiosincrasia de este pueblo. Humanismo y cultura del mundo clásico que se hicieron presentes en esta comunidad a través del seminario, a través de la iglesia. Una perfecta simbiosis en la que la ciudad puso el corazón y la iglesia la inteligencia. Y a la gente a la que no pudo llegar la cultura, llegó la educación, siempre presente en el ambiente de la ciudad y que es el sello distintivo que hoy hace que Mondoñedo sea diferente de otros pueblos.
Cabe, también, recordar la influencia y el calado cultural que imprimió a Mondoñedo la presencia de las órdenes religiosas que vivían entonces en la ciudad. Los franciscanos primero, y después los pasionistas. Su influencia en la cultura de la ciudad no fue de menor calado. Con sus sermones y sus novenas, con su ministerio y su trato personal con la gente, supieron dejar su impronta cultural en la ciudad.
Recordar a esa pléyade de afamados poetas, literatos, artistas y músicos que florecieron entre sus gentes y recrearse en su ilustre pasado y en el esplendor que tuvo esta ciudad es importante para sus actuales vecinos. Y lo es para que tomen conciencia de sus valores y abandonen ciertos complejos para encauzar el futuro con ilusión y recuperar el papel que jugó en tiempos pasados. El Diccionario Geográfico Universal de Montpalau, publicado en el año 1783 – y lo cito como afirmación de lo que digo – nos dice que esta ciudad, situada sobre los ríos Sisto, Pelourín y Ruzos, tiene una Iglesia Catedral, un convento de frailes, otro de monjas, dos hospitales y un seminario. Y contiene, dice, 5100 vecinos. Y 5100 vecinos en esas fechas era mucha gente, si la comparamos con otras ciudades y pueblos de aquella época.
Pero hay otra faceta muy importante de Mondoñedo que quiero subrayar por su importancia y singularidad. Me refiero al carácter acogedor de sus gentes y a su sello de hidalguía. ¿Qué tiene de encanto y de misterio esta ciudad que - y lo se por experiencia - tan bien sabe seducir a los forasteros que se acercan a ella?
Se dice de los forasteros que, por una u otra razón, vienen destinados a esta ciudad, que lloran dos veces. Una de pena al llegar, por la sensación aparente del ambiente aburrido que se percibe en sus calles, y otra al marchar, por la pena de tener que abandonarla, recordando los momentos felices en ella vividos. Y los que se ven forzados a abandonarla siempre recuerdan con cariño y mucha nostalgia los días vividos entre el calor de sus gentes.
Y este es el Mondoñedo que yo he conocido en los tiempos que allí he vivido y que aún hoy sigue ahí como testimonio de lo que digo. Con sus calles tranquilas, su vida familiar compartida entre todos los vecinos que, como una gran familia viven y participan de los problemas de todos. Una ciudad en la que parece que el tiempo no pasa. Una ciudad en la que nadie es forastero.
Pero el brillante pasado de Mondoñedo no puede quedarse sólo en historia. Ha de ser un aliciente para despertar en los mindonienses de hoy las ansias de superación necesarias para encontrar el camino hacia un nuevo futuro prometedor. La corriente efímera del turismo actual es una fuente de riqueza muy apreciable, pero sólo con eso seguiría la ciudad languideciendo. La recuperación de la artesanía de tiempos pasados, la producción y elaboración de productos ecológicos para los que dispone de una huerta privilegiada pueden ser los nuevos caminos para que sus gentes puedan volver a vivir con prosperidad y en sus calles vuelva a sonar el bullicio de sus niños jugando y la música de sus rondallas vuelva a oírse alegre en sus calles en las noches de verano apacibles. Mis votos por el futuro de Mondoñedo.-

José Mª Rodríguez

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 Comentarios (1)

 • Fecha: Sábado, 31 de marzo de 2007

• Hora: 13:16 

Autor: agremon 

Está ben iso de acudir á existencia de nenas bonitas en Mondoñedo en relación coas disputas de signo relixoso. Unha lembranza para a Semana Santa ou a relixión moxigata e de mercaderes, algo que da que pensar sobre as ideas en relixión e a posta en practica.

20230614

PELAYO, EL OBISPO SANTO DE RIBADEO, José María Rodríguez Díaz (2009)

    Un fito da historia ribadense, revisitado por José María.

Viernes, 29 de mayo de 2009

PELAYO, EL OBISPO SANTO DE RIBADEO

• Publicado por jmrd_ribadeo a las 20:19

Para acercarnos a la figura de este obispo, tan lejano ya en el tiempo, hemos de recurrir a alguna de las fuentes clásicas que se utilizan para descubrir la historia: la toponimia, la tradición oral, la arqueología y, finalmente, la documental. En el caso de este obispo sólo podemos acudir a esta última fuente, pues las tres anteriores no nos ofrecen datos fiables.

Por los documentos que se guardan en los diversos archivos se sabe que don Pelayo II de Cebeira, sucesor del primer obispo de Ribadeo, don Rabinato, inició su pontificado en Ribadeo en el mes de diciembre de 1199. Era natural del Bierzo, hijo de la “canóniga” de Astorga, María Peláez, y en el momento de su nombramiento como obispo ejercía el deanato de la catedral de Astorga.

Báculo do Bispo Paio de Cebeira

Nombrado obispo de la diócesis de Mondoñedo, se incorporó a la sede episcopal en Ribadeo, a donde había sido trasladada desde Mondoñedo por el rey Fernando II de León. Las razones de este traslado no se deducen con suficiente claridad de los documentos que se ocupan de este hecho, pues dicen escuetamente “…statu meliori sane censeo transmutari”…, es decir, “… pienso trasladar (la sede) para estado ciertamente mejor…”.

Incorporado a su destino en Ribadeo para regir la diócesis mindoniense, que entonces llegaba hasta el Navia, tuvo que enfrentarse a la primera gran dificultad que era la de construir su catedral para desempeñar en ella su magisterio catedralicio. Una vez construida, en un campo extramuros de la villa, en el espacio hoy dedicado a parque municipal, próxima a la nueva oficina de turismo, la consagró a la advocación de Santa María, siendo conocida en el futuro como Santa María del Campo, nombre que heredó la actual iglesia parroquial de Ribadeo.

La tradición, aún hoy viva entre los vecinos de Ribadeo, sitúa al obispo Pelayo viviendo en el barrio de Cabanela, junto a la ría, donde aún hoy se conservan las ruinas de un edificio que unos atribuyen a los restos de la antigua residencia del obispo y otros a una torre defensiva que hubo allí en esos tiempos pasados, según se menciona en las antiguas actas municipales. Unos restos de un edificio que bien pudo haber tenido los dos destinos.

De la vida pastoral del obispo Pelayo nada nos dicen los documentos, si exceptuamos algunos rasgos que se pueden desprender de una lectura entre líneas, que nos hacen adivinar que se trataba de un hombre de marcada vida espiritual.

De su vida administrativa, se sabe que estuvo presente en distintos y alejados lugares para confirmar, a veces sólo como testigo, importantes documentos de transacciones, permutas, privilegios o donaciones de bienes entre la corona o particulares y la sede o algún monasterio. De alguno consta que lo hizo desde San Martín de Mondoñedo, lo que hace suponer que solía acudir a retirarse con frecuencia a dicho monasterio.

Falleció don Pelayo el día 3 de noviembre de 1218, dejando todas sus pertenencias, que no eran muchas, al cabildo para bien de su alma. Su cadáver fue depositado en un sarcófago de piedra montado sobre cuatro pilares, elevado tres cuartas del suelo, que estuvo situado durante cinco siglos en su catedral, la Colegiata de Ribadeo, entre el coro y la puerta principal.

Después de su muerte, por causa de la presión ejercida por algunos canónigos que sentían añoranza por su morada anterior, la sede episcopal retornó a su anterior residencia en Villamayor de Brea (actual Mondoñedo). Pero esa es otra historia.

¿Qué secuelas dejó en el pueblo de Ribadeo el paso de don Pelayo por esta villa? El P. Flórez, al hablar de la muerte de don Pelayo, utiliza una frase altamente reveladora sobre las virtudes de este obispo. Dice que falleció “con aplauso y con deseo de los súbditos de más larga vida, pues en su tiempo logró adelantar las obras de la iglesia”. Esta frase no es más que una expresión tardía que encierra, insinúa y expresa entre líneas una realidad mucho más profunda y antigua. Una frase reveladora que, como veremos seguidamente, es la expresión de los profundos sentimientos de devoción del pueblo hacia las virtudes que adornaban a este prelado.

Efectivamente, cinco siglos más tarde, en el año 1701, se produce un hecho que confirma la expresión de Flórez y nos demuestra cómo el obispo Pelayo era venerado como santo por el pueblo de Ribadeo. Una devoción que había arraigado en el pueblo de tal forma que quinientos años no fueron bastantes para que el pueblo olvidara las virtudes de este obispo, hasta que la propia jerarquía de la iglesia prohibió darle culto.

Hasta tal punto estaba latente en el pueblo la devoción hacia este obispo que, como cuentan las crónicas, los fieles se acercaban a su sarcófago “a tocar en el sus rosarios y sus cabezas dolientes y a hacer otras acciones de devoción y de piedad”. Con motivo de la visita pastoral que el obispo de Mondoñedo D. Manuel Francisco Navarrete y Ladrón de Guevara hizo a la Colegiata de Ribadeo, el 3 de noviembre de 1701, entre los muchos Mandatos que dictó sobre el culto en la Colegiata y otras costumbres, figura el mandato número 35 por el que prohíbe y ordena que se destierren de los fieles esas costumbres de tocar “sus rosarios y sus cabezas dolientes en su sepulcro” y se corrijan esas expresiones de devoción y piedad, prohibidas por las bulas papales y el Santo Concilio. Se refería el obispo a las costumbres que tenían “muchas personas simples y poco consideradas, de rendir culto ante el sepulcro que está situado entre el coro y la puerta principal”. El obispo había tomado esta decisión después de haber hecho la oportuna comprobación abriendo el sepulcro. Al no haber encontrado en su interior el cadáver incorrupto, fue para él prueba evidente de que no se trataba de un caso de santidad. Pues en aquel entonces la incorrupción del cadáver era una prueba evidente de santidad. Y como consecuencia mandó volver a cerrar el sarcófago y prohibió dar culto al muerto, bajo pena de excomunión. El obispo Navarrete sin duda ignoraba la identidad del muerto pues el sarcófago no tenía leyenda ninguna, sino sólo un báculo y una mitra labrados en su superficie.

Una tradición así mantenida entre los fieles a lo largo de cinco siglos es señal más que evidente, a pesar de las normas que regían entonces sobre la declaración de santidad y a pesar de la prohibición del obispo Navarrete, de que el obispo Pelayo había muerto en olor de santidad y de que gozaba de la veneración de los fieles cinco siglos después de su muerte. He aquí un retazo, brevemente contado, de un capítulo de la historia de Ribadeo que pudo haber significado, de no ser por la prohibición del obispo Navarrete que lo borró de la memoria del pueblo, que esta villa hubiera podido tener hoy su Obispo Santo.-

José Mª Rodríguez

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20230609

MAILOC Y BRETOÑA. José María Rodríguez Díaz (2009)

    Entendo que hai algo de confusión en puntos concretos da redacción deste bonito texto histórico de José María, que non tiña lido ata o de agora. Mágoa, porque as dúbidas que podo ter seguro que mas aclaraba cun par de explicacións.

Lunes, 06 de abril de 2009

MAILOC Y BRETOÑA

• Publicado por jmrd_ribadeo a las 11:53

La diócesis de los Bretones

En la plaza central de Bretoña, parroquia de Pastoriza, ha sido inaugurada, recientemente, una fuente dedicada a Mailoc, abad-obispo de la diócesis de los bretones. Pero, ¿estuvo alguna vez Mailoc en Bretoña? Un personaje que muchos historiadores, guiados por una errónea interpretación de las escasas fuentes documentales que se conservan de esa época y por una tradición de dudosa fiabilidad, sitúan en Bretoña la sede de la diócesis de los Bretones durante el siglo VI. Los argumentos en que basan sus tesis no parecen tener más sustentabilidad que la que se deriva de la confusión homófona entre los adjetivos ‘britoniense' o ‘britaniense' y el sustantivo Bretoña. Los adjetivos ‘britoniense' o ‘britaniense', citados en diversos documentos del siglo VI, no aluden, probablemente, a una localidad geográfica concreta desde la que se dirige una iglesia sino que aluden a una etnia, la de los bretones; y el sustantivo Bretoña hace referencia a la denominación de la localidad conocida por ese nombre y que no aparece documentado hasta el siglo IX. Es así como se pudo convertir en tradición un simple error de interpretación.

Gallaecia, como sabemos, fue colonizada por los celtas que irrumpieron en ella en dos sucesivas oleadas migratorias. La principal y más numerosa inmigración tuvo lugar en el siglo VI a. c. Se instaló en todo el territorio de la Gallaecia, tanto en su litoral como en las tierras del interior, como lo atestigua la copiosa toponimia y la abundancia de castros que llegaron hasta nosotros como testigos mudos de su presencia por todo el territorio. La segunda oleada de inmigración de bretones, esta vez menos numerosa, que estaba compuesta por gentes cristianizadas procedentes de la península de la Armórica francesa que huían de la invasión anglosajona, tuvo lugar en torno al siglo V d.c. Eran gentes de mar, habituados a vivir en la región costera del noroeste francés, la Armórica, que, llegados a estas tierras, se asentaron todo a lo largo de la costa gallega y asturiana, extendiéndose desde Fisterra hasta el oriente de Asturias.

A mediados del siglo anterior, siglo IV d.c., el obispo Prisciliano había desarrollado una gran labor de apostolado entre los celtas de la Gallaecia, enseñando a los nativos sus ideales de austeridad y pobreza, no exentos de concepciones heréticas maniqueístas, según sus acusadores. Tenazmente perseguido y finalmente acusado ante el emperador por algunos obispos a causa de sus enseñanzas, que consideraban heréticas, fue ejecutado en Tréveris en el año 385 por orden del emperador Magno Clemente Máximo, después de azarosos juicios y recursos.

El emperador Máximo, cristiano fiel a Roma y por lo tanto enemigo de Prisciliano y de los suevos arrianos presentes ya en la Gallaecia desde el año 411, hallándose entonces residiendo en la Armórica, preocupado por consolidar su poder, mandó monjes y hombres bretones a esta tierra para combatir las supuestas herejías de Prisciliano, así como las doctrinas arrianas muy difundidas en la Gallaecia por los suevos invasores y fortificar con defensas las costas de este territorio. Estos monjes, emigrados desde la Bretaña francesa a la Gallaecia, construyeron un monasterio en el castro de Mindonio o Mindonieto ‘monte de aguas abundantes', el actual San Martín. Un monasterio que aparece ya citado en el siglo VI con el nombre de Monasterium Maximi ‘Monasterio de Máximo', tal vez en recuerdo del emperador o debido, quizás, al nombre de su desconocido fundador. (Si algún día se llevaran a cabo excavaciones en el actual templo de San Martín aparecerían, probablemente, restos del citado monasterio y, tal vez, del primitivo castro celta).

Fue a este monasterio a donde más tarde, allá por el 550, arribó el abad-obispo Mailoc, sin que se sepa si fue el primero, para ejercer su ministerio pastoral sobre la comunidad bretona y sobre los pobladores autóctonos. Fue así como se fundó en Mindunieto una sede episcopal según el modelo céltico de monasterio-diócesis, diferente del modelo romano de obispado-diócesis, de carácter personal, con un abad-obispo el frente, para pastorear a la comunidad de bretones extendidos por las costas del cantábrico. Una diócesis nacida de los bretones y para los bretones, llanada ‘britaniense' a causa del nombre de origen de esa comunidad, que se extendió por todo el norte de la Gallaecia hasta Fisterra y por toda la costa asturiana. ¿Por qué se atribuyó, pues, a Bretoña la ubicación de la sede de esta diócesis? Fue, sin duda, a causa de la confusión originada por la homofonía entre las palabras Bretoña y ‘britones' o ‘britonense', que aparecen en documentos de esa época, como el del concilio de Lugo, del año 569, en el que se lee: ‘A la sede de los britones las iglesias que hay entre los britones, junto con el monasterio de Máximo y las que están en Asturias'. O el del concilio de Braga, del año 572, al pie de cuyas actas se lee: ‘Maila, obispo de la sede britonense, suscribí lo aquí hecho'. Unos textos que originaron esta confusión desde tiempos antiguos y, consecuentemente, la falsa atribución a Bretoña de la sede de la primitiva diócesis.

Bretoña recibe su nombre, sin duda, de un primitivo castro celta allí existente, fundado por los celtas-bretones de la primera oleada invasora, al igual que sucedió en otros lugares de la Gallaecia y aún de Asturias. Un nombre que aún pervive hoy en otros varios lugares del territorio gallego y asturiano, tales como Bertonia en Sober, Bertoña en A Capela, Bretoña en Barro de Pontevedra y otros similares en la cuenca del Navia o del Sil. Se trata de un castro completamente aislado en aquel entonces, separado de todos los nudos de comunicación y rodeado de poblados de origen romano o suevo por todos los lados, como lo demuestran los nombres que aun hoy perduran de las parroquias que rodean Bretoña, entre los que cabe destacar los de origen romano como Fontao, Castrillón o Castiñeira y otros suevos como Luxilde, Aldurfe, Gontán o Gueimonde. Esto demuestra que el castro de Bretoña estaba habitado por celtas latinizados y rodeado por pueblos de origen suevo, sin mucha relación entre ellos y totalmente aislados del exterior, sobre todo del mar, que, sin duda, hubieran impedido el acceso hasta allí de los posibles bretones que llegaron más tarde a nuestras costas. Es muy probable que el abad-obispo Mailoc nunca supiera de la existencia de Bretoña. ¿Cómo iba un obispo pastorear su rebaño, extendido por toda la costa gallega y asturiana desde un lugar situado en el interior, alejado de sus fieles y tan incomunicado que ni la misma calzada romana que comunicaba Lugo con la costa pasaba por sus cercanías y dominado además por los suevos, que le hubieran impedido entrar y salir? Por otra parte, ni hay vestigios del citado monasterio en Bretoña, ni topónimos de esa época en el entorno que lo justifiquen, ni tradición religiosa anterior a los monjes bernardos de Meira que fundaron esa iglesia en los comienzos del siglo XIII para unir y cristianizar a esos pueblos, dando así origen a la parroquia actual. El hecho de denominar con el nombre de Britonia a la diócesis no se debe, pues, al sitio en donde se ubicaron los monjes bretones, sino al nombre de esa etnia, llamada así por su lugar de procedencia: la Bretaña francesa. Si Bretoña recibiera su nombre de la presencia de la sede de Mailoc, de quién la recibieron las localidades antes citadas con este nombre? Es la existencia de ese importante monasterio llamado de Máximo en Mindonieto, con su sede episcopal, lo que explica la posterior existencia de la diócesis en ese lugar. Si la misión de estos monjes bretones era pastorear a su comunidad de bretones, esparcidos por todo el litoral, no parece ni lógico ni acertado pensar que se instalaran en la actual Bretoña, una zona del interior de esta comarca, por otra parte muy incomunicada con el resto del mundo de entonces, en vez de hacerlo en el litoral en donde estaban asentadas todas sus gentes. Es también la importancia y el renombre de ese monasterio lo que explica que los monjes suevos de la comunidad monacal de Dumio, situado cerca de Braga, huyendo de las luchas con los arrianos y priscilianistas, se desplazaran en el siglo VIII hasta Mindunieto y no hasta Bretoña. Fue, precisamente, en esa época, con la llegada de los monjes de Dumio, con su abad-obispo Sabarico al frente, cuando se empezó a producir el cambio de nombre de la diócesis, pasando a llamarse de Mendunieto en vez de ‘britoniense', pues la conexión con los bretones originales, que acabaron integrándose en la comunidad autóctona, ya se iba perdiendo en esas fechas. Testigos tardíos de esa antigua diócesis fueron los enclaves de Camariñas y Miño, hoy pertenecientes a la diócesis de Santiago, pero que pertenecieron a la de Mondoñedo hasta el siglo pasado. La misma configuración supra provincial que actualmente tiene la actual diócesis de Mondoñedo-Ferrol es deudora a ese pasado histórico. Por otra parte, ¿cómo se explica y qué indicios hay del traslado de la sede desde su hipotética ubicación inicial en Bretoña a su posterior existencia real en San Martín de Mondoñedo? ¿Qué elementos movieron este traslado en unos tiempos en los que las costas estaban amenazadas por los Vikingos? ¿Cómo es posible que no quedaran testimonios documentales de un hecho históricamente tan importante como es el traslado de una sede? La denominación de diócesis britoniense o britaniense perduraría aún algunos años más hasta que, fundidas las dos etnias en una por el impulso de la cultura visigoda, se adoptó el modelo romano de diócesis y su territorio se repartió entre las nuevas sedes que forjó la reconquista y que emergieron con los nombres de Mondoñedo y Oviedo.

Es este un capítulo de la historia pasada que merece ser sometido a revisión. Tarea difícil a causa de la inexistencia de documentos fehacientes que apoyen claramente cualquiera de las dos tesis. En todo caso, defender la ubicación de la primitiva sede en San Martín y no en Bretoña, parece que goza del apoyo del sentido común y de la lógica.-

José Mª Rodríguez

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20180816

O BURGO, AS VIÑAS E XUICES DE RIBADEO (documentos). Francisco José Campos Dorado

O BURGO, AS VIÑAS E XUICES DE RIBADEO (documentos).
Francisco José Campos Dorado
 
Diciamos nunha das narracións das pedras armeiras e Escudos de Armas de Ribadeo, artigo: “Escudo de Armas da Casa de García de Vilandriz-A Devesa” (tamén en La Comarca del Eo 9-Decembro-2017) que nos atoparamos cun documento que dicía en lingua galega e latín, escritura gótico cursiva, con data 13-Outubro-1310: “Pedro Ponzo, adelantado mayor del rey en Galicia, resuelve el pleito entre el concejo y alcaldes de O BURGO DE RIBADEO y el monasterio de San Salvador de Vilanova de Lourenzá sobre el caritel de la villa de Vilamariz...” Esta expresión: “O BURGO DE RIBADEO”, abre de novo a polémica da época da construción das murallas e da fortaleza de Ribadeo que non se sabe de certo.
Segundo a Etimoloxía, “burgo”, é un termo que provén do xermánico “burg”: “fortaleza”, “castro”. Na Idade Media nomeábase así, un núcleo de poboación formado arredor dun castelo ou dunha cidade amurallada, e posteriormente, dise dunha aldea ou vila pequena, dependente doutra maior ou máis importante, que ficaba próxima ("Gran Dicionario Xerais da Lingua". 2000). Como tamén hai outro dato certo de que Ribadeo foi Sede Episcopal desde o ano 1182 co bispo Rabinato ata o 1218 co bispo Pelaio de Cebeyra [Paio de Cebeira], pois nesas datas era unha poboación autónoma e non dependía de ninguén, dentro do contexto do Conventus Lucensis do Reino de Galicia. Pero aínda sendo Ribadeo unha vila pequena comparada cos tempos actuais, ¿como podemos dicir que daquela era pequena, comparada “con quen” a cen quilómetros a redonda?. Polo tanto, e baixo esta perspectiva, a expresión “O Burgo de Ribadeo”, refírese a “unha poboación arredor dun castelo ou á poboación dunha vila amurallada”. Ninguén sabe de cando databa a Fortaleza de Ribadeo, nin de cando foron feitas as murallas, pero segundo isto que acabamos de dicir, é moi posible que se poidan datar no século XIII, quizais incluso no século XII, bastante anteriores a denominación do Condado de Ribadeo dado a Pierre de Villaines no ano 1369, e por seguro, anterior o Conde Rui López Dávalos que compra o condado a finais do século XIV, e a quen algúns textos lle atribúen a construción da Fortaleza, pois foi o único Conde que parece pasou algún tempo en Ribadeo, nos vinte cinco anos que estivo este Condado baixo o seu dominio. Aquel documento de 1310, non chegou a satisfacer o noso desacougo, pois era mellor poder rematar o relato resolvendo a dúbida sobre a data de construción das murallas de Ribadeo, e da súa fortaleza. Polo tanto, perseguindo as mellores fontes documentais, chegamos aos Tumbos da Catedral de Mondoñedo, cuxo resumo fixo D. Enrique Cal Pardo, traballo que foi moi aplaudido e loubado polo noso veciño José María Rodríguez Díaz, pois aforra o traballo de moitos días a calquera que queira investigar sobre os aconteceres da nosa bisbarra.
Pois ben. Neles non atopamos o que andabamos buscando sobre as datas da muralla nin da fortaleza. Pero como moitas veces que se está a investigar algo, saltaron a nosa vista outros datos que falaban do BURGO de RIBADEO, así como, de acontecementos tamén interesantes para a nosa historia local, como son os documentos que falan das VIÑAS DE RIBADEO e sobre os seus XUICES, que tanto a riqueza das viñas, como a institución dos Xuíces dun Xulgado de Primeira Instancia, por desgracia, desapareceron do noso pobo, cousa que a día de hoxe, creo que poderíamos recuperar ámbolos dous, sen grandes esforzos pero con traballo continuado. Vexamos.
Seleccionando do libro “Documentos Medievais en Pergamino (871-1492) Catedral Mondoñedo” de Enrique Cal Pardo, atopamos os seguintes escritos, referidos a Ribadeo como BURGO, os seus XUICES e particularmente, o tema das VIÑAS que había en cantidade, e en algúns casos, incluso se nos dá a situación precisa de onde estaban. Facendo copia resumida dos documentos da sección Tumbos Catedralicios Escritos en Pergamino [en castelán]:
Documento 6. Idioma latín. Ano 1190. (Nota: nesta época a sede bispal da Igrexa Mindoniense, que non de Mondoñedo, estaba en Ribadeo, 1182-1218). “El Chantre de Mondoñedo, D. Pelayo Vilela, dio al Cabildo un busto de vaccis. Concedió igualmente a la Iglesia de Mondoñedo 4 sueldos leoneses sobre el quiñón que tenía, juntamente con sus hermanos, en su casa y VIÑAS.
Documento 14. Idioma latín. Ano 1218. “D. Pelayo de Cebeyra, Obispo de Mondoñedo (Nota.-máis ben Bispo Mindoniense), con sede en Ribadeo, dejó para su aniversario a los canónigos las vacas y las casas de Ribadeo y la VIÑA DE PELOURÍN. Está sepultado en Ribadeo. Murió el 3 de Noviembre (sin indicar fecha) Documento 236. Idioma latín. Mondoñedo, 17-Febreiro-1280. “Pedro Pérez de Ribadeo, canónigo y vicario del Dean D. F.Muñiz, junto con todo el Cabildo, aforaron para siempre a María Pérez, esposa que fue de Fernando Poncio de Villamayor, la heredad que estaba próxima a la casa de Pelayo Cidi, para plantarla de VIÑA, por la que pagaría cada año dos sueldos y medio de moneda corriente...”
Documento 337. Idioma latín. Mondoñedo, 3-Maio-1291. “Reunidos los Canónigos con el Obispo D. Álvaro, después de tratar el tema, resolvieron aforar las casa y VIÑAS DE RIBADEO, llamadas de Don GUYM, al Arcidiano de Azúmaga, D. Pedro Pérez, quien debía pagar todos los años a los administradores de los meses de San Cosme de la Marítima (de Barreiros) 100 sueldos leoneses por la casa y la VIÑA. Pagaría, además, la cuarta parte del fruto de la viña a los administradores... a excepción de la parte del Obispo, que fue de la heredad de Piñeira, por la cual daría 30 sueldos alfonsinos al Obispo, cada año...”
Documento 356. Idioma latín. Mondoñedo, año de 1292. El Deán D. Abril Eanes, con consentimento del Arcediano de Montenegro, D. Pedro Dieguez (Didaci), Procurador de Mateo Alvari, Administrador de los meses de San Miguel, arrendó la VIÑA DE RIBADEO... con las condiciones: que la trabaje bien, dé la 4ª parte del fruto al Administrador... la ponga (la VIÑA) en forquetas (furcis) y en madera (lignis candeicis) y en latas (latis integricis), so pena de 200 maravedís”. Documento 477. Idioma galego. Mondoñedo, 19-Septembro-1305. “El Deán D. Andrés y el Cabildo de Mondoñedo arrendaron a Domingo Fernández, Canónigo de Mondoñedo, la parte que al Cabildo pertenecía en las VIÑAS DE RIBADEO...”
Documento 567. Idioma galego. Mondoñedo, 9-Xullo-1311. “...arrendaron a Rodrigo Eanes, canónigo, y a Lopo Eanes su hermano, racionero, las cosas que el Cabildo poseía en la villa de Ribadeo y en su alfoz... que dió García por la VIÑA DEL CAMPO, y las OTRAS VIÑAS que tenía Miguel Martínez y Teresa, la Castellana... y las VIÑAS que tenía de Dª Marina... OTRA VIÑA que tenía Juan Martínez, detrás del muro...”
Documento 895. Idioma galego. Mondoñedo, 2-Xuño-1344. “Reunidos los canónigos, presididos por el deán D.Juan Deus, con consentimiento de Gonzalo Pérez, canónigo y administrador de los meses de la Administración de Riberas de Sante, aforaron para siempre a Diego Pérez, clérigo de San Juan de Piñeira, la heredad sita en Ribadeo, unida a la tapia de los Frailes de San Francisco, con la que lindaba por dos vientos y con el campo de la vía antigua, que salía de la villa de Ribadeo. Debía de PLANTARLA DE VIÑA y ponerla en forcas en madeira y...”
Documento 1016. Idioma galego. Mondoñedo, 26-Decembro-1366. “D.Ruy Sánchez, Arcediano de Salnés...dio a Pedro Ares, Arcediano de Montenegro, administrador de los meses de las Riberas de Sante...80 maravedís cortos...para compensar las VIÑAS que habían tomado en Ribadeo para construir el Monasterio de Santa Clara...” Documento 1041. Idioma galego. Mondoñedo, 11-Agosto-1378: “El Tesorero de la Catedral de Mondoñedo D. Ruy Días aforó para siempre a Martín Afonso, JUEZ DE RIBADEO y racionero de la Catedral de Mondoñedo, LA VIÑA, con su heredad, sita en el Molino de Ribadeo, que él había recuperado de Juan Cao, por la que debía pagar 50 maravedís por días de Navidad... Martín Afonso, no solo se comprometió a pagar la dicha suma, sino que obligó para ello OTRA VIÑA que él poseía en el expresado lugar, que parece que también estaba obligada a la Iglesia de Sta. María del Campo. (Notario: Juan Afonso, que lo era del Conde de Ribadeo) Documento 1056. Idioma galego. Ribadeo, 8-Xaneiro-1382: “En las casas de morada de Diego Fernandez, Juez, en la Rúa de los Ferreiros de la villa de Ribadeo, se presentó ante el dicho Juez el testamento de Martín Afonso, capellán y Juez racionero de Mondoñedo, difunto, a pedimento de Juan Afonso Cao, not. De ese lugar. El documento había sido otorgado ante el not.Fernando Ares en 21 de noviembre de 1381... contenía una cláusula... que el causahabiente tenía en foro de la Iglesia de Mondoñedo la VIÑA DEL MOLINO, que había sido de Juan Cao, con sus “salgueiros” y con toda la heredad... asimismo, que con esa propiedad se incluían DOS TIRAS DE VIÑAS contiguas al campo de Simón, que reportaban 32 sueldos a la Iglesia de Sta. María de Ribadeo...”
Documento 1057. Idioma galego. Ribadeo, 6-Febreiro-1382. “Juan Alonso Cao, vecino y morador de la villa de Ribadeo, habiendo vendido una viña a Ruy Dias, Tesorero de la Catedral de Mondoñedo y habiéndola aforado este a Martín Afonso, JUEZ y capellán que fue de la expresada villa, manifestó que éste, al morir, tuvo a bien dejársela... juntamente con OTRA VIÑA... Se comprometió igualmente a pagar el FORO DE VINO que pesaba sobre dicha VIÑA, con destino a los “malates” de la MALATERÍA de dicha villa de Ribadeo”.
(Nota. Aquí, un excelente dato cronolóxico sobre a Malatería de Ribadeo, que non coñecíamos o facer o artigo: “Escudo da Capela de San Lázaro”, (tamén en La Comarca del Eo, 10-Xuño-2017)
Documento 1100. Monforte de Lemos, 9-Febreiro-1389: “Traslado del testamento de Diego Pico, hijo de Álvaro Rodríguez y de María Basanta de Vivero, por el que... 2 gregorianos para ser dichos en S. Francisco de Ribadeo (convento)... Dejó a la Iglesia de Sta. María de Villaselán 15 mar.; a la de Santa Clara del BURGO DE RIBADEO, 40 mar; a los malates de Ribadeo, 10 mar. (supoñemos que é a igrexa de San Lázaro); a Santa Clara de Ribadeo, para la obra 10 mar... al clérico de Villaosende, un barril de vino y una duysima de pan... a la Iglesia de Sante, a su clérigo, un barril de vino y una duysima de pan...”.
Na sección dos PERGAMIÑOS SUELTOS.
Documento 94. Idioma galego, Ribadeo, 5-Outubro-1343. “Convenio entre Fernán Fernández, canónico de Astorga, procurador de Don Vasco, Obispo de Mondoñedo y los vecinos de la villa de Ribadeo, sobre las VIÑAS, casas, fosas, plazas y chantados y posesiones, esquilmos y rentas...”
No Tumbo Pechado da propia Catedral de Mondoñedo, o documento máis antigo data do ano 1381, pero D. Enrique Cal Pardo tamén resumiu outros Tumbos Catedralicios que comezan no ano 1122. E neste lote, atopámonos que os documentos que falan do Burgo de Ribadeo, a más antigo data do 5-Xuño-1378 (documento 1039): “Reunidos en el PaaÇo dos Cabaleiros el Obispo D. Francisco, el Deán D. Pedro de Ares y los demás miembros del Cabildo...hicieron un cambio con Ruy Díaz, Tesorero de la Catedral: El Cabildo daba al dicho tesorero para siempre el casal, con casas y heredade de S. Cosme de Barreiros, que habían sido de Fernán Pérez de Valoría... el Tesorero, a su vez, daba al Cabildo las VIÑAS y “obligación” que Martín Alonso, racionero de Mondoñedo, que moraba en el BURGO DE RIBADEO....cincuenta maravedís pagaderos en Navidad....”
Como comprobamos nestes documentos, o BURGO DE RIBADEO, noméase varias veces, así como os XUICES, que eran membros da igrexa, e as VIÑAS que eran moitas desde moi antigo, pero en poucos se atopa a situación dos viñedos que había no Concello de Ribadeo, así como, ningunha vez se nomean as especies de uvas que se plantaban.
Por outro lado, na Cartografía do Renacemento, na obra do ano 1586, “Speculum Nauticum” de Johann Wagenaer, da que se pode ler un extenso e exhaustivo traballo, na “Revista Local Ribadense” Nº0 “Rumbo a lo Desconocido” ano 2017, cuxo editor, D. Francisco Orol Carragal, Oficial de Puente da Marina Mercante Española, relata de forma detallada o texto latino da carta de navegación Nº13, referida á costa de “Galissen” comprendida entre o Cabo Ortegal e Luarca, e máis precisamente, á costa de Viveiro a Ribadeo, expresada en millas xermánico-holandesas (Nota: 1 milla xermano-holandesa equivalía a 2,97 millas mariñas do século XIV = 5500,44 m.)
Nesta carta dise que: “OFRECE ESTA REXIÓN ABUNDANCIA DE VIÑOS, SENDO EXCELENTES OS DE RIBADEO, TANTO TINTOS COMO BRANCOS, TAMÉN HAI EXCELENTES LARANXAS E MAZÁS, PERAS E CASTAÑAS, NOCES E OUTROS FROITOS DE GRAN PROVEITO E SAÚDE PARA A VIDA HUMANA”.
Cada día podemos comprobar, e levamos varios anos dicíndoo, Ribadeo ten unha historia antiga e medieval tan oculta, que temos que ir descubríndoa anaco a anaco e pouquiño a pouco, pois cada retrinco danos unha idea de algo extraordinario que non coñecíamos.
Sirva este pequeno artigo, para animarvos a buscar, e para desexarvos FELICES FESTAS DA NOSA PATRONA SANTA MARÍA DO CAMPO e do noso PATRÓN SAN ROQUE. Unha aperta e brindemos por un futuro excelente viño de Ribadeo, sen eucaliptos ao pé das casas, e coas súas hortas e fincas de labradiño plantadas de viñedos. Ánimo e a plantar riqueza propia, e non para alleos.

20170515

COMPAÑEIRO JOSÉ MARÍA RODRIGUEZ. Francisco José Campos Dorado


 Como empezar unha carta de despedida que non quero escribir. Como dicirche adeus para sempre, amigo e compañeiro, pensando que nunca poderei volver a escoitar as túas respostas cando eu che fale e che consulte todo o que me faga falta. Como expresarche a miña amizade, ademais de cunha aperta ou cun apertón de mans como sempre que nos víamos.
Empecei a coñecerte aquel día do ano 2007 na asemblea da AAVV “O Tesón”, cando fun elixido como relevo de Gilberto Suárez, pois o home sentíase xa cansado coas súas cousas, e me xuntei convosco na directiva, xunto con Antonio Gregorio, Soledad, Jóse, Rocío Botana e Arturo Linares. Como pensar, naquel momento, que chegaría a sentirme tan arroupado e tan orgulloso de estar codo con codo traballando con todos vosoutros.
Para min haberte coñecido e haber cooperado cun home coma ti, honesto, honrado e tan involucrado na política social, que nunca lle importou caer mal ou ben, a este ou a aquel, ou a esta ou aquela facción, con tal de levar adiante unha idea ou unha acción que entre todos víamos que era causa de abandono ou un despropósito en prexuízo do pobo, ou que era un servizo necesario para o benestar da xente, e que tiña que facerse ben. Esta idea do social, soubeches comunicárnola daquela maneira, pero foi un privilexio haber vivido no teu tempo e haber compartido contigo, ducias de horas de amena e instrutiva charla, tomando un café ou un bo caldo de viño tinto, ou branco ou unha caña de cervexa, acompañada dunha excelente Tapa de Ribadeo. Como prescindir desa mente tan sumamente traballadora e privilexiada que era capaz de desenrolar unha utopía e transformala en realidade palpable, case que perfecta, baseándose na audacia de pensamento, nun extraordinario interese na acción, na constancia de darlle volta tras volta ás ideas, ata atopar esa porta que se abre á razón indiscutible, para facer o que hai que facer, porta de entrada a ese mundo onde os soños se transforman en realidade concluínte. Como expresar coa serenidade necesaria esa exposición de ideas, que tantas veces contrasta coa adversidade da intolerancia ou cun desmando da linguaxe. Como ser prudente na exposición, cando a sangre che fai berrar de pena polo que estás vendo. Pois ben, o teu era saber facer, coa linguaxe máis culta, unha exposición maxistral xunto coa incisiva proclamación das ideas e da acción.
Foise José María, un intelectual de tal calibre que será moi difícil de igualar. Para a Historia de Ribadeo, ben contada, baseada en feitos e en documentos reais, é unha enorme perda. A súa vida ten uns anos de incesante publicación de libros e relatos históricos e lingüísticos. Os seus estudos meticulosos na tradución do “Diploma do Rei Silo” que data do 23 de agosto do ano 775 e de varios documentos do século XII e XIII, levárono a escribir o magnífico traballo sobre “El Convento de Esperautano y su Coto” situándoo en A Graña do Concello de Ribadeo, rompendo mitos de malas traducións do latín, onde desmonta as malas interpretacións, de Tabulata, como Trabada, de Celeiro como Celeiro de Mariñaos, etc. etc. Os libros: “Estudo sobre a Toponímia de Ribadeo”, ano 2007; “Sobre os Castros de Ribadeo”, ano 2009; “La Sede Episcopal de los Britones”, do ano 2009, incluído nos Estudos Mindoniensis; “Vilaselán, aproximación histórica”, ano 2010; “La Colegiata de Ribadeo, ano 2011; “Santo Estebo de Augas Santas”; “Santo Estebo da Pagá”, e un cento de artigos periodísticos máis. Os seus magníficos e documentados traballos históricos foron publicados nos Cadernos de Estudos Mindonienses, unha garantía da sapiencia de José María.
Dicía Ralph W. Emerson: “O esplendor da amizade non radica nunha man estendida ou na bondade dun sorriso, se non na inspiración que o espírito ó descubrir que alguén cre en nosoutros, está disposto a brindarnos a súa confianza”. Eu sempre fun un mariñeiro solitario, e pouco souben da vida social, ata que coñecín os membros da directiva de “O Tesón”, e alí estaba José María. Non quixera xamais chorar pola falta dun compañeiro, pois a auga salgada das bágoas, quero que sempre me recorden as delicias do Mar, a miña vida mariñeira, e nunca a tristeza das despedidas. Pero en algunhas ocasións ocorre, que o pracer inicial dá presentación xúntase coa amargura dun: adeus meu amigo.

20210624

AS SAN LUCAS. Mondoñedo. José Mª Rodríguez Díaz

   Artigo publicado por José Mª Rodríguez Díaz no seu blog O Cargadoiro o 13 de outubro de 2006. Mondoñedo foi outro dos temas recurrentes nos seus escritos, despois de pasar alí un bo feixe de anos da súa vida. 

Viernes, 13 de octubre de 2006

MONDOÑEDO

• Publicado por jmrd_ribadeo a las 21:56

AS SAN LUCAS

Mondoñedo, esa bella ciudad que yace dormida a los pies del Padornelo que, como un león recostado la protege y vigila, y que, a través del paisaje que la rodea, de las antiguas piedras de que está hecha y hasta de la misma lluvia que moja sus calles, expresa paz y silencio. Ese silencio, Sólo interrumpido por el sonido de sus campanas que, como decía Cunqueiro, es el producto de la cultura. Ese silencio que envuelve a Mondoñedo desde la muerte de su Mariscal [Pardo de Cela]. Hay dos Mondoñedos distintos. Uno, el monacal y silencioso de siempre, hecho por tantos personajes ilustres que construyeron su historia y por las gentes sencillas y cultas, dotadas de un sello de hidalguía, que viven en él. El Mondoñeedo de casi mil años de vida canónica, aristocrítica y letrada. Y otro, el bullicioso y festivo de As San Lucas que lo hacen los feriantes, romeros y sanluqueiros. Pero, ¿por qué Mondoñedo es distinto? ¿Cuál es el secreto de su encanto? La respuesta está en su historia, en las especiales circunstancias que moldearon su vida. La importancia del mecenazgo y la cultura que implicó la sede episcopal en la vida de la ciudad y de sus gentes fue determinante para la vida de Mondoñedo. Desde su papel de Señores de la Ciudad toda la vida giró en torno a sus obispos. Y a muchos de ellos, como a Muñoz y Salcedo o a Sarmiento debe sus grandes infraestructuras monumentales. Porque de la iglesia salía no sólo la palabra de Dios, sino, también, la gramática, la filosofía, las ciencias y las artes. Estamos ante una ciudad marcada por la influencia de la catedral y del el seminario. Durante un largo período de su historia la catedral iba a ser una fuente de formación de primerísimo orden. A la Catedral acudía masivamente la gente a escuchar los famosos sermones de los magistrales, las famosas disertaciones públicas de los opositores a las canonías, las interpretaciones musicales de la orquesta catedralicia o la asistencia a las aulas catedralicias en donde los niños de la ciudad recibían una formación musical y humanística de alto nivel. Y no fue menor la contribución del seminario a la cultura del pueblo. Desde tiempos inmemoriales, los estudiantes se hospedaban en las casas particulares prolongando en la ciudad la vida cultural del seminario. Mientras que, al mismo tiempo, muchos jóvenes de la ciudad cursaban sus estudios en el seminario, transmitiendo a la ciudad su cultura. Unas vivencias que dejaron a la gente profundamente marcada con un barniz de educación que aún permanece hasta hoy. Una simbiosis en la que la ciudad ponía el corazón y la iglesia la inteligencia. Por eso, aún en tiempos recientes, era normal encontrarse en las calles de Mondoñedo con un molinero poeta, un zapatero escritor o un barbero compositor. Pero no es ahora el momento de nostalgias y soledades. Las ferias de As San Lucas marcan todos los años, durante unos días, una nueva dimensión de la Ciudad de la Paula que va a sufrir estos días un brusco cambio en su ambiente. Sus calles y plazas se van a llenar de bullicio, animación y jolgorio. En el campo de la feria resonarán los relinchos de los caballos y las voces de los tratantes con su picaresco ritual de los tratos. En la Alameda, las barracas, las norias, y los tío-vivos, todo como un pequeño Walt Disney.

Las ferias de As San Lucas son un paréntesis de fiesta en los hábitos de la vida diaria. Son días para vagar por las calles de Mondoñedo, por la Alameda y por el Campo de la Feria. Días para disfrutar admirando los productos de los artesanos del barro y de la harina, de la piedra y la madera, del hierro forjado y del encuentro con los amigos. Días para disfrutar del espectáculo de los tratos del ganado en la feria o de degustar el pulpo en la Alameda, mezclados con los feriantes, romeros y sanluqueiros. Sin olvidar la obligada visita al santuario de Los Remedios, 'para poñer a santiña'.-

José Mª Rodríguez

Outros Artigos de José María.

20160706

TEMPLARIOS EN A VILAVELLA, artigo de José Mª Rodríguez Díaz

Corto e pego dende http://cargadoiro.blogcindario.com/2016/07/00462-templarios-en-a-vilavella.html:
'  Considerar esta afirmación como un hecho manifiestamente demostrable a través de los testimonios documentales actuales de que se dispone no parece ser una verdad objetiva ni definitiva. Pero, la presencia de ciertos testimonios históricos y arqueológicos que se conservan aleja esta afirmación de una simple hipótesis y justifica, sin duda, como verdaderamente fiable la creencia en la presencia de estos monjes guerreros en A Vilabella en la alta Edad Media.           
   Los testimonios más antiguos que se refieren al asentamiento poblacional de la primitiva villa de Ribadeo lo sitúan en el lugar entonces conocido por el nombre de Vigo, denominación que le viene dada de su derivación del vocablo latino, vicus, barrio, actualmente A Vilavella, denominación que se le dio para distinguirlo de la Vilanova, el naciente nuevo Ribadeo. Un pequeño recoveco, situado en la orilla gallega del río Eo, del que el actual Ribadeo recibiría su antiguo nombre de Ripa d`Euve. Una pequeña comunidad de vecinos, situada en las proximidades de la primitiva jurisdicción de Ove, que erigió allí la iglesia que más tarde sería conocida en los documentos oficiales por el nombre de iglesia de Santiago de Vigo.
   Testimonio fehaciente, entre otros, de que en esa época histórica Santiago de Vigo era el núcleo referencial más importante de este contorno, antes de la existencia de los núcleos de Cabanela y Porcillán que dieron origen a la actual villa de Ribadeo, es una escritura de donación de propiedades, hecha por García Vermúdez al monasterio de Lourenzá en el año 1151, en la cual el donante fija la situación de sus propiedades “entre las aguas de Vigo y del Masma”: “…faciocartulam donacionisde quantum habeo et habere debeo ab aqua de Vigo usque ad aquam de Masma”, es decir, “…hago… escritura de donación… de todo lo que poseo y debo poseer desde el agua de Vigo hasta el agua del Masma”. La referencia a Vigo en este documento del siglo XII y no a Rippa d´Euue demuestra la inexistencia o escaso valor referencial en esas fechas de estos dos últimos barrios de Cabanela y Porcilán.
   Por la documentación medieval se sabe que la iglesia de Santiago de Vigo ejerció funciones parroquiales hasta el traslado del obispado de Mondoñedo a Ribadeo a finales del siglo XII. En esa fecha el obispo Pelaio de Cebeira levantó en Ribadeo una catedral dedicada a Santa María del Campo, convertida posteriormente en colegiata al perder Ribadeo la Sede episcopal, en el siglo XIII. La nueva catedral vino a sustituir a la iglesia de Santiago de Vigo en sus funciones parroquiales, aunque permaneciendo esta abierta al culto hasta bien entrado el siglo XVIII.
   En ese barrio de Vigo, llamado hoy A Vilavella, residía, según el testimonio de ciertas fuentes históricas, una pequeña comunidad de Caballeros Templarios, a cuya orden pertenecía entonces la parroquia de Ove antes de pasar a la jurisdicción de la Orden de San Juan de Malta, heredera en España de los bienes raíces de la extinguida Orden de los Templarios. Esta orden de monjes-caballeros, creada a comienzos del siglo XII para la defensa de los Santos Lugares de Jerusalén y del camino de los peregrinos, fue disuelta en el año 1312 por el papa Clemente V, cediendo así a las presiones del rey de Francia, Felipe IV, que ambicionaba apoderarse de sus muchas riquezas, como así ocurrió. Pero los bienes raíces que esa orden tenía en España pasaron a poder de los Hermanos Hospitalarios, y con ellos la iglesia de Ove, que perteneció hasta tiempos recientes al Priorato de Portomarín, dependiente de la orden de los Caballeros de San Juan de Malta, los Hermanos Hospitalarios.
   De la primitiva pertenencia de la jurisdicción de Ove a los monjes templarios aún perduran hoy ciertos vestigios arqueológicos, como son, entre otros, según afirma el publicista y cura coadjutor de Ribadeo, Manuel S. Pérez, en la página 41 del Libro Inventario del archivo de la parroquia de Ribadeo, la capilla del Buen Jesús, situada en los límites actuales de la parroquia de Ove, hoy en ruinas, y a la que el INVENTARIO ARTÍSTICO DE LUGO Y SU PROVINCIA, publicado en el año 1980 por el Ministerio de Cultura, describe de esta manera: “Es de forma rectangular, sumamente pintoresca por sus torretas en forma de cubo en los cuatro ángulos y en el centro de los muros laterales”. Su estructura defensiva no parece ajena a la función guerrera, propia de los monjes templarios. Otro testimonio de la presencia de esta orden en el barrio de Santiago de Vigo y actual parroquia de Ove es el relieve existente en la piedra clave de cantería de una de las ventanas románicas abocinadas situada en el paño derecho exterior de la capilla de la Virgen del Camino, que parece representar el candelabro del templo de Jerusalén.
    Otro testimonio más que contribuye a corroborar este hecho se encuentra en el citado Libro Inventario del archivo de la parroquia de Ribadeo, que en su página 41, su autor, el citado Manuel S. Pérez, afirma, sin hacer mención de las fuentes históricas en las que apoya su testimonio, que “En este lugar (se refiere a Santiago de Vigo) hubo un convento de Templarios”.
   Por otra parte, la razón de la presencia de los monjes templarios en este lugar encajaría perfectamente con lo que constituye la razón del establecimiento de esta orden en la península ibérica: la defensa de los cristianos contra los musulmanes y la primitiva protección de los caminos de peregrinación a Santiago de Compostela. No es impensable que el barrio de Vigo quedara convertido en aquel tiempo en el lugar de paso de los peregrinos a Compostela por el llamado Camino Norte, y la razón por la que el templo allí erigido fuese dedicado al apóstol Santiago en aquellos tempranos tiempos.
  Se puede, pues, concluir que en el barrio de A Vilavella estuvo el origen de la actual villa de Ribadeo, antes de la repoblación de los barrios de Cabanela y Porcillán hecha en el año 1182 por el rey Fernando II de León. Y no solo el origen de la villa de Ribadeo, sino también la cuna de su jurisdicción eclesiástica parroquial con la construcción de la iglesia de Santiago de Vigo, el establecimiento de un pequeño convento de los monjes templarios y la existencia de una pequeña Beatería  o Casa de Oración, origen del posterior convento de Santa Clara, según también afirma en el referido Inventario el citado historiador y articulista, Manuel S. Pérez.'

 Obras de José Mª Rodríguez

 

20170523

Carta a un gran Mindoniense

Imaxe de José Mª Rodríguez, cabeceira do seu blog

   José María Rodríguez Díaz nunca nos dejará. Creo en la inmortalidad del espíritu. Creo en la huella imborrable que dejan las obras de personas dedicadas a investigar, divulgar y promover hechos que conforman legado socio cultural para mejor gloria de nuestra identidad como pueblo y comunidad ciudadana. Querido maestro: Tuve la suerte de encontrarte en aquella tertulia radiofónica que con tanto acierto y respeto nos organizaba Beni Mántaras. Comparto contigo y con Antonio Gregorio el orgullo de pertenecer -por encima de otras consideraciones geopolíticas- a un territorio noble por su historia. Siempre defendimos nuestra adscripción a la provincia con capital en Mondoñedo. Nos enseñaste la grandeza de nuestra Britonia. Tengo en mis manos tu trabajo de investigación sobre tu querida parroquia de Vilaselán. Tus dos estudios sobre el Monasterio de Esperautano y su Coto. La indispensable aportación a la historia de tu natal y querido Ribadeo sobre La Colegiata.
   Aunque ambos somos más de pluma estilográfica que de ordenador, no por ello renunciamos a poner la máquina al servicio de la creatividad histórica y cultural. Por ello, confieso que, en mi relación de favoritos, disfruto con tu página encabezada como Diócesis de Mondoñedo-Ferrol. Y es que Santa Catalina dejó semillas de inquietud eterna entre alumnos y profesores.
   Le recomiendo a mi amigo Vidal Martínez-Sierra, que amén de cuidar el Monasterio de San Salvador, siga la historia-leyenda de los Caballeros Templarios, desde tu trabajo "Presencia de los Templarios en Ribadeo". A nuestro querido Cronista Antonio Reigosa, alcaide del mágico Mondoñedo, entre Cunqueiro y Don Enrique Cal Pardo, que haga como yo, repasar a modo de consulta tus acertadas consideraciones sobre ese lugar rico en aguas, pan y latín.
   Intenté convencerte, desde el faro de Punta Atalaya, para que tú y los demás amigos de O Tesón, no abandonarais el "Argos" de la cultura. Lo mismo que, te debemos, seguir con la antorcha del relevo para exigir el derecho a que nuestros mayores, y nosotros mismos cuando llegue la hora, podamos seguir disfrutando de la ciudadanía desde un centro de cuidados para ese fenómeno demográfico que es el envejecimiento, sin la terrible soledad que produce la deslocalización. Prometo solemnemente, por Maelok, Obispo Sarmiento, El Conde Osorio, El Mariscal Pardo de Cela y su esposa Isabel de Castro, que seguiré contándoles a nuestra muchachada que Ribadeo fue sede Episcopal con Catedral, y cómo tras maniobras políticas de mediados del XIX, buenas gentes trataron de recuperar la provincia, con la anuencia de galaicos-astures unidos por El Eo.
   Nos veremos en Isla Pancha.
Pablo Mosquera Mata

20241018

Mondoñedo: Camelot do silencio. Pablo Mosquera

 Mondoñedo: Camelot do silencio

Pablo Mosquera

A nosa Valibria é inmortal aínda que ás veces está durmida. As súas rúas son unha sinfonía de edificios fortes ou templos que lembran a súa condición de capital ata 1833. As súas elegantes chemineas ou aqueles patios de entrada a casas fortes amosan un patrimonio histórico-artístico. Segue a ser a sede episcopal da Diócese Britoniense Dumiense. Un tratado de lendas. Unha reflexión para a lúa chea destes días de outubro en plena Feira das San Lucas.
Cada vez que vou á miña capital -porque non me sinto lugués e si mindoniense- sempre visito o fermoso cemiterio vello para ir ás tumbas de Leiras Pulpeiro, do mestre Veiga, de Lence Santar, do Pallarego e sobre todo para ler un poema de Antón Noriega Varela á humilde morada de Álvaro Cunqueiro.
É o Camelot do Reino da Choiva. A Santa Compaña de Merlín e familia. O descanso de Simbad. O espectáculo, só para almas sensibles, desas follas ocres que se desprenden na Alameda dos Remedios, e baixando pola rúa Obispo Sarmiento, á altura do pectoral de Ánimas, diante da confitería Val de Brea, polo son da Ronda e a Paula transfórmanse en finas láminas de ouro, que chegan ata a Catedral da Asunción e están bañadas na Fonte Vella.
Dende o maxestoso edificio de Santa Catalina ata o barrio dos Muiños. Mirando aquela ponte onde o bispo Fadrique de Guzmán fixo o imposible para impedir que o seguro conduto real chegase a tempo de perdoar ao Mariscal e ao seu fillo, para converter o seu sangue en semente doutra lenda. A que, entre outras, comentamos na Taberna O Valeco.
Nestes días e durante séculos coñeceranse e saudaranse feirais multirraciais e habitantes de parroquias ou lugares da nosa Galicia Cantábrica. Será fermoso ver cabalgar as nobres bestas cara ao seu descanso preto do espazo que contén o Plateresco do antigo hospital de peregrinos, os palcos para orquestras cuxo son se controla mediante mando a distancia e, por suposto, a sala dese polbo cuxo cheiro uns días gañará a partida ao do incenso.
Oferta de artesáns. Madeira, vimbio, ferramentas agrícolas, roupa e vinilos vellos. Pero tamén pan, castañas, doces galegos, e sobre todo adoro a esa Raíña Xenebra das empanadas -Millo e xouba- para rematar cunha boa augardente onde mollar un anaco da torta cuxa fisiognomía é un recordo para o rosetón da Catedral con cabelo de anxo napolitano.
Como cada outubro rompeuse o silencio. Mesmo amigos que foron seminaristas no pasado poden lembrar os seus paseos co breviario. Tamén podo ter un abrazo fraternal con antigos alumnos de Don Francisco. Podo sorprenderme coa alegría de recoñecer a Carlos Nuevo, Sito Otero Regal, Vicente Miguez, Chis Canoura, Eugenio Linares, Lino Rico, Jose Louzao, Marucho, Paco Grela... Sei que eles senten o mesmo ca min. Lembrar aos ausentes como o noso inesquecible Arcadio Mon. Sexamos felices por exercer a nosa cidadanía mindoniense, ou emocionármonos cando escoitamos as gaitas interpretar a Marcha do Antigo Reino.