20201127

DE LA DEPRESIÓN A LA EUFORIA.Diario de un confinado en Olavide. Ángel Alda

En una iglesia como esta de Teruel me refugio al final del sueño.
 
DE LA DEPRESIÓN A LA EUFORIA
 
   27 de noviembre de 2020
   La luz del final del túnel, la llama de la esperanza. Lugares comunes evocados a la luz de las noticias o rumores de las vacunas. Estamos repartiendo la piel del oso antes de saber en qué bosque se esconde el plantígrado.
   Y así salimos adelante. Presos de nuestro estado emocional que bascula entre la depresión y la euforia. El bipolarismo. No son las cosas y los acontecimientos los que nos hacen sufrir o gozar. Son los comentarios que hacemos sobre esas cosas. Que razón tenía Epícteto. Nos anticipamos al porvenir para adelantar el trabajo. Y si nos dicen que la vacuna va a estar pronto, estamos preparados para sentir el pinchazo desde ya. Luego vendrán los retrasos pero mientras tanto que nos quiten la pandereta.
   Hablando de Navidad. Como echo de menos la Nochebuena de mi infancia. Esa celebración comunal. Los vecinos de la gran casa de Francisco Silvela moviéndose de casa en casa para cantar el correspondiente villancico y tomarse la copita de Anís del Mono o de coñac Fundador. El señor Ángel, el señor Segundo, la Carmela o la señora Rita bajaban por casa a cualquier hora de la noche como lo más natural. Éramos pobres pero que bien sabíamos celebrar la vecindad. Hoy suspiramos porque nos dejen juntarnos de seis en seis y que no cuenten los niños en la sumatoria. Creo que está cayendo la venta de la Lotería de Navidad y los expertos lo achacan a la dificultad del encuentro físico entre las personas. Eso de sacar una foto del décimo y mandarla por el wasap no debería ser legal.
   Que no nos jodan la Navidad.
   Yo que soy de natural misántropo no debería suspirar tanto por lo que tan poco me gusta. Pero las cosas vienen como vienen y uno no es dueño de sus emociones. Parece que podremos comprar zambombas y figuritas del belén en la plaza Mayor y ha dicho el alcalde que tendremos cabalgata de Reyes aunque no sabemos el formato. Seguro que muchos se seguirán adornando las testas con esos horribles cuernos de reno y que las calles del centro estarán de bote en bote a pesar de las restricciones. Lo de las uvas en la Puerta del Sol no se como se va a organizar pero confío en el señor Martínez Almeida. Es un hombre de ocurrencias. La última: la carrera popular vallecana de la noche de San Silvestre se celebrará sin pasar por Vallecas y sin presencia popular, solo profesionales invitados por la autoridad. El daño del Covid o de la Covid, ya saben que los académicos han aceptado los dos géneros, es fundamentalmente moral. Físicamente lo superaremos pero la tontería nos va a costar un huevo.
   Y vamos a la parte onírica. A veces sufro pensando que en la semana no me va a llegar el sueño antes de escribir la entrega del Diario semanal.
   Creo que estoy en Teruel o Zaragoza por la cantidad de monumentos mudéjares que observo por las calles por las que me muevo. Tengo que llevar el coche a un taller para repararlo. El caso es que en vez de garaje aquello es un descampado. Me atiende una mujer bastante antipática. Me dice que vuelva al día siguiente. Cuando vuelvo no saben dónde está el coche. Todo el mundo se pone a buscarlo. No lo encuentran. Al final tienen que llamar al marido de la señora que dice que lo ha tenido que guardar en el claustro de la catedral. Me dice que no tengo pérdida. Vaya usted por la puerta principal y una vez dentro de la catedral busque al otro lado la entrada del claustro. Es una puerta con cristaleras. Luego busque una colección de jarrones antiguos. Son míos. Detrás de la colección está su coche.
   Efectivamente lo encuentro. Pero tengo que atravesar extensiones pobladas de gente por todas partes y me cuesta llegar. La gente está como en un cóctel dentro de las inmensas naves del templo. Hay que ir dando codazos. Al final llego a la cristalera que da paso al claustro, que más que un claustro parece un patio enorme como el de la mezquita de Córdoba, y encuentro el coche. La colección de jarrones es maravillosa. Me entretengo sacando fotos.
   No se si salgo conduciendo pero el caso es que me veo montado en un pequeño autobús que me lleva a algún sitio. Soy el único pasajero. Le digo al chófer que me pare en el centro de la ciudad. Son bulevares por los que me pongo a andar. No se donde voy pero no parece importarme mucho. Me voy encontrando con gente que me comenta cosas en torno a los cambios de la ciudad. Esto ya no es como antes que estábamos todos más unidos. Aquí cada uno va a su bola. Hay mucho egoísmo. No te puedes fiar de nadie. Es una ciudad que se lo ha creído y hay poca solidaridad. Si usted supiera. Me parece que no conozco a ninguno de mis interlocutores. Todos tienen un aire de tristeza y depresión. Al final en un semáforo que no acaba de ponerse en verde nos vamos concentrando una enorme muchedumbre. Surgen entre las gentes grupos que llevan pancartas y banderas. No leo lo que ponen y tampoco sé identificar las banderas. No parece tener mucha importancia. Me salgo del bullicio y entro en una hermosa iglesia en la que me pierdo. Y así perdido me despierto y escribo.
   Y hasta aquí el sueño.
   Un beso para todos y todas.
   Ángel
 
   Posdata
   Ha muerto Maradona. Seguro que no lo sabían. Y en Buenos Aires han montado un follón digno de la vida loca del homenajeado. No sabemos si la gente celebra los goles del talentoso futbolista o las extravagancias del descerebrado juguete roto en el que se convirtió.

Ningún comentario: