20200406
Diario de un confinado en la plaza de Olavide. VECINOS AL RESCATE. Ángel Alda
"Lunes, 6 de abril de 2020
Con la crisis del Covid llegó no solo el confinamiento. Llegó la desbandada. Servicios públicos desbordados y orientados en exclusiva a lo esencial. Sanidad, orden público y poco más. Quedaron desmantelados muchos servicios de atención a la dependencia, los niños con necesidades de atenciones especiales los perdieron con el cierre de los colegios y la retirada de otros recursos. Los servicios de atención domiciliaria a personas mayores han sufrido una caída de las prestaciones brutal. Pero siendo malo, muy malo, todo esto, lo peor es que muchos recursos no públicos, voluntariado, tercer sector, centros religiosos, etc, no tuvieron otra opción que cerrar. Comedores sociales que ya solo entregaban comida fría y que al final, por la alta edad de los voluntarios tuvieron también que bajar las persianas. Asociaciones de defensa de los inmigrantes, colectivos de ayuda social de todo tipo fueron por el mismo camino. Un desastre en toda regla fruto del desamparo y la precariedad en las que se mueven la mayoría de ellas debido a la falta de ayudas públicas oficiales.
Fue en esa dinámica que nacieron iniciativas vecinales en los barrios. En el entorno de los movimientos ciudadanos: asociaciones de vecinos, centros culturales, ateneos populares, movimiento feminista que unas pocas personas montaron rápidamente plataformas de ayuda a los colectivos más vulnerables. Mayores, dependientes, solitarios, etc.
En Chamberí ese movimiento nació en el entorno de la Casa de la Cultura y de los colectivos que se mueven en su órbita, especialmente el movimiento feminista. Su trabajo consiste en ofrecer vía telefónica y digital la gestión de compras, recados y todo lo que puedan necesitar esas personas enclaustradas en sus domicilios sin posibilidad física de moverse. Y hacerlo de manera segura, higiene, garantías personales, etc. En la foto de portada tienen acceso a los teléfonos de este meritorio movimiento de emergencia. Uno más de los muchos activados en Madrid y en España entera. Un orgullo contar con ellos.
Mientras tanto, llegan noticias esperanzadoras de nuestros hospitales. Parece que el colapso en las urgencias está cediendo. Hay que seguir empujando. Y llorando por las enormes pérdidas que suceden en nuestro entorno. El WhatsApp se está convirtiendo en un tablero donde los amigos cuelgan las esquelas de sus familiares desaparecidos. Como escribe mi amigo Enrique anunciando la muerte de su suegra "este virus mata, no olvidadlo". Mi mejor recuerdo para Alejandra. También para la suegra de mi buen amigo de Barcelona, Fernando.
Iniciamos la Semana Santa.
Hasta mañana.
Ángel"
Etiquetas:
Ángel Alda,
coronavirus
20200405
Apartándonos de zona de máximos
Domingo de Pascua en Ribadeo. Nubrado, temperatura suave, sen vento... As noticias melloran dentro da gravidade: onte volveu baixar o número de novos contaxios detectados, de xeito que as cifras de novas infeccións sitúanse tan só no décimo posto da tempada. Sabemos que as novas deteccións dependen do número de test pasados, e non se están a pasar moitos. Ademáis, parece que a xente tende a enfermar menos en fins de semana... Mellor fixarse noutro indicador.
O de mortes diarias, aínda que indique un certo retraso fronte ó anterior, está moito máis axustado e tamén da mostras positivas: baixou ó oitavo lugar. En ambos indicadores, o día anterior tamén representara unha baixada.
Segue a aumentar o número de infectados contabilizados, pero estamos apartándonos da zona de máximos.
Hai nubes sobre Ribadeo, pero o día parece máis despexado.
Etiquetas:
coronavirus,
estatísticas
20200404
Diario de un confinado en la plaza de Olavide. EL HEROÍSMO DE PENSAR. Ángel Alda
"Sábado, 4 de abril de 2020
De repente los amiguitos de la causa neoliberal, enemigos declarados de los impuestos, se convierten en admiradores de las democracias sociales escandinavas por sus éxitos en materia de lucha contra la presente pandemia del Covid, que están por ver en cualquier caso, y se olvidan del modelo que hasta ahora les gustaba: el de los recortes fiscales, los sueldos bajos y la desregulación de los mercados. Bienvenidos, entonces, a políticas de impuestos confiscatorios, bienestar social igualitario y servicios públicos de primera. Bienvenidos a países con sistemas de gestión de la dependencia, de residencias de ancianos y de seguridad social muy distintos de los propios de sociedades como la de EEUU.
Hablábamos ayer de los sentimientos, de nuestros sentimientos. Pero no veo mucha información de lo que pensamos. Se producen debates histéricos sobre globalización versus nacionalismos. Es una paradoja que un riesgo global se enfrente a escala de las naciones o estados. Incluso provocando desórdenes y casos tan chuscos como la incautación de respiradores comprados por España en China por Turquía, un socio estratégico supuestamente. O la incapacidad para promover una política común europea. Con los amigos del multilateralismo en fuga como no entender la exacerbación de los sentimientos nacionales patrióticos. Como no asumir el retroceso de la democracia en Hungría, por ejemplo. Como no tener miedo de la posibilidad de que a Trump le de un ataque de patriotería y promueva la ley marcial en su país.
¿Que pensamos de esto? ¿Cuáles son nuestros marcos de referencia? Con una prensa de calidad en retroceso constante, con unos medios masivos de comunicación que convierten todo en espectáculo, con unas redes sociales pasto de las tonterías, de los rumores y de la intoxicación de estos o de aquellos, me temo que el estado de confusión se apodere de nuestras mentes.
Dediquémonos, mientras tanto, al ejercicio heroico de sobrevivir. A conseguir el pan de cada día en la tienda de la esquina o convirtiendo su cocina en una tahona- por cierto, se agota la levadura en los supermercados-. A seguir algún curso de corte y confección para manufacturar en casa las mascarillas, tapabocas como dicen mis primos mexicanos, que van a ser obligatorias a no más tardar. Mi amigo Luis les puede facilitar un vídeo para un modelo de urgencias que les saque del apuro. Y, a más a más, como dicen los catalanes, no estaría mal empezar algún curso de ingeniería para preparar respiradores caseros con el tubo del butano y un viejo motor eléctrico de alguna aspiradora doméstica. Para esto les puedo facilitar contactos con mi primo de Alicante, mecánico de aviación jubilado o de mi amigo Gonzalito, ingeniero industrial por el ICAI. Jubilado por supuesto. Están en ello y España puede confiar en su talento. Acuérdense de los tiempos en los que arreglábamos el seiscientos con un tornillo y un chicle usado.
Y si alcanzan la maestría en el arte de fabricar mascarillas no se olviden de mi. Tenemos la máquina de coser en el pueblo.
Hasta el lunes. Mañana descanso de este trajín.
Ángel"
De repente los amiguitos de la causa neoliberal, enemigos declarados de los impuestos, se convierten en admiradores de las democracias sociales escandinavas por sus éxitos en materia de lucha contra la presente pandemia del Covid, que están por ver en cualquier caso, y se olvidan del modelo que hasta ahora les gustaba: el de los recortes fiscales, los sueldos bajos y la desregulación de los mercados. Bienvenidos, entonces, a políticas de impuestos confiscatorios, bienestar social igualitario y servicios públicos de primera. Bienvenidos a países con sistemas de gestión de la dependencia, de residencias de ancianos y de seguridad social muy distintos de los propios de sociedades como la de EEUU.
Hablábamos ayer de los sentimientos, de nuestros sentimientos. Pero no veo mucha información de lo que pensamos. Se producen debates histéricos sobre globalización versus nacionalismos. Es una paradoja que un riesgo global se enfrente a escala de las naciones o estados. Incluso provocando desórdenes y casos tan chuscos como la incautación de respiradores comprados por España en China por Turquía, un socio estratégico supuestamente. O la incapacidad para promover una política común europea. Con los amigos del multilateralismo en fuga como no entender la exacerbación de los sentimientos nacionales patrióticos. Como no asumir el retroceso de la democracia en Hungría, por ejemplo. Como no tener miedo de la posibilidad de que a Trump le de un ataque de patriotería y promueva la ley marcial en su país.
¿Que pensamos de esto? ¿Cuáles son nuestros marcos de referencia? Con una prensa de calidad en retroceso constante, con unos medios masivos de comunicación que convierten todo en espectáculo, con unas redes sociales pasto de las tonterías, de los rumores y de la intoxicación de estos o de aquellos, me temo que el estado de confusión se apodere de nuestras mentes.
Dediquémonos, mientras tanto, al ejercicio heroico de sobrevivir. A conseguir el pan de cada día en la tienda de la esquina o convirtiendo su cocina en una tahona- por cierto, se agota la levadura en los supermercados-. A seguir algún curso de corte y confección para manufacturar en casa las mascarillas, tapabocas como dicen mis primos mexicanos, que van a ser obligatorias a no más tardar. Mi amigo Luis les puede facilitar un vídeo para un modelo de urgencias que les saque del apuro. Y, a más a más, como dicen los catalanes, no estaría mal empezar algún curso de ingeniería para preparar respiradores caseros con el tubo del butano y un viejo motor eléctrico de alguna aspiradora doméstica. Para esto les puedo facilitar contactos con mi primo de Alicante, mecánico de aviación jubilado o de mi amigo Gonzalito, ingeniero industrial por el ICAI. Jubilado por supuesto. Están en ello y España puede confiar en su talento. Acuérdense de los tiempos en los que arreglábamos el seiscientos con un tornillo y un chicle usado.
Y si alcanzan la maestría en el arte de fabricar mascarillas no se olviden de mi. Tenemos la máquina de coser en el pueblo.
Hasta el lunes. Mañana descanso de este trajín.
Ángel"
Etiquetas:
Ángel Alda,
coronavirus
20200403
Hoxe vai de sensacións
Si, hoxe vai Sol. Unha moto pasa baixando pola rúa, e a máquina de limpeza do concello completa o cadro sonoro mentres alguén asubía. Ribadeo está calmo, pero vivo. E eu tamén. Aproveitando as dúas horas de Sol que chegan ás ventanas do noso encerro e que quencen o esprito ó tempo que dulcifican a casa.
Incorpóranse as gaivotas axuntándose para os niños e os seus graznidos sobresaen por riba dos doutros paxaros.
A soidade núa da rúa éo só ás veces. A cola de xente autoseparada na viciñanza da farmacia aliméntase e baléirase con algunha persoa que chega ou se vai. Alternan tamén os sons do caixeiro, co seu piticlín piticlín ó marcar, con algunha charla -en xeral moi curta- de xente que se cruza. Outros ruídos son minoritarios en tempo, pero tamén indicativos de actividade, dende o paso dunha bicicleta ó runrún do coche que se acompaña dun son grave das pedras da calzada no lugar no que necesitan ser reasentadas. Ou un can que toma o relevo ás aves, lembrando a súa existencia.
E tamén, claro, os viciños avisos do Whatsapp ou dunha rede social, que hai que rebaixar ou mellor anular para poder vivir, para lembrar que a vida segue e está 'aquí', no exterior , non só -nin sobre todo- no interior dos nosos omnipresentes e cómodos e case imprescindibles aparellos electrónicos. Aparellos que, noutros momentos, dilúen o confinamento para noso ben. E así, sen intrusos dos que usamos e conveñen, disfrútase a calma ó Sol da mañá.
Non, non é o mesmo que no campo, poñamos á beira do río Grande en Covelas. Pero tampouco, aínda que pode que nestes días garde máis semellanza, como na praza de Olavide en Madrid.
Ó lonxe, a Ponte dos Santos tamén está tranquila. Hai veces que hai que esperar... minutos! para que pase algún coche, aínda que non soe ser tanto o tempo necesario.
Sensacións diferentes ás normais nestas datas outros anos, acumúlanse. Non só por estar a outras cousas de pensamento ou acción, ou polos ecos dos noticiarios desacougantes, senón polo entorno inmediato. Porque outra xente tamén está outras cousas. Aínda que a farmacia siga, o banco siga, e os obreiros de mantemento esteñan baixando a mirar non sei que no rexistro do subsolo, algo inusual. Si, a vida cambia, pero segue a ser vida.
Di unha enquisa sobre os sentimentos nestes tempos de pandemia que os homes manifestan máis resignación, esperanza, tristura... e as mulleres, tristura, resignación e unha mistura de esperanza, desencanto e frustración. Mais, o que me chamou a atención é que en xeral, a xente de grupos que teñen máis oportunidade nesta crise, por idade ou por medios, ten as emocións máis negativas. Algo así como se o ter máis asideiros fixera que vaian retrasados no influxo, interiorización e recuperación de sentimentos, mentres os máis desfavorecidos pasaran de puntiñas pola peor fase emocional, e estiveran cunha actitude máis positiva.
... Pero agora, ó Sol, se podemos abstraernos coa tranquilidade de non ter directamente síntomas de enfermidade, gocemos do día.
Etiquetas:
coronavirus,
filosofía
Diario de un confinado en la plaza de Olavide. TRISTEZA, RESIGNACIÓN Y ESPERANZA. Ángel Alda
"Viernes, 3 de abril de 2020
Recién salida del horno la última encuesta de The Cocktail Analisys sobre el estado de ánimo de la población española, esas son las emociones de nosotros los confinados. Y por ese orden: tristeza, resignación y esperanza. Más lejos aparecen el desconcierto, la frustración, la calma y el enfado. Hay diferencias hombre-mujer. Las mujeres expresan mejor sus emociones, de una forma más completa. Y de clases. La población más acomodada se manifiesta de forma más resignada y pasiva, se pronuncia menos en clave de emociones agitadas.
Es lo que hay. Hagan ustedes la encuesta en su entorno y comuniquen sus hallazgos a este diarista. A lo mejor es una alternativa de entretenimiento superior a los memes de señores gordos y humoristas populares que frecuentan.
Hablando de entretenimientos y tareas que estimulen nuestra imaginación y bienestar; en esta casa nos propusimos adelgazar a base de bien para que cuando nos toque, puede que sea por sorteo, ir de vacaciones al pueblo luzcamos un tipo torero de primera. Vamos por el buen camino. Me falta un periodo de encierro de otros tres meses para llegar al peso que tuve en la mili cumplida en el desierto del Sáhara. Allí, entre la mala comida y la tortura de la instrucción policial que recibí, carreras por la saguia y desfiles por los pedregales de Hatarrambla, estaba hecho un pincel. Hablando del Sáhara no sabéis la ilusión que me ha hecho ver el vídeo que los niños saharauis han mandado a los españoles para darnos ánimo y fortaleza. Ellos si que saben de encierros. Desde 1976 llevan refugiados en un triste territorio argelino. Más que una verdadera cuarentena. Hagan lo posible por verlo.
Les hablaba de mi pueblo de veraneo y de la ilusión que tenemos por volver este verano. Con los resultados de la dieta que llevamos puede que en Ribadeo no nos conozca ni Fernando, el alcalde y eso ocasione que nos traten como refugiados huidos de la peste. Después de más de treinta años y de tener nuestra propia casa sería eso el más desagradable resultado final del encierro. Volver a Ribadeo es una de esas pocas ilusiones que a uno le quedan. Por cierto, saludos a los nuevos lectores del diario de la Marina lucense que tienen acceso a estas notas gracias a mi amigo Antonio Gregorio y su red de blogs Ribadeando.
Mañana más. Algo tendré que contar.
Besos
Ángel."
Recién salida del horno la última encuesta de The Cocktail Analisys sobre el estado de ánimo de la población española, esas son las emociones de nosotros los confinados. Y por ese orden: tristeza, resignación y esperanza. Más lejos aparecen el desconcierto, la frustración, la calma y el enfado. Hay diferencias hombre-mujer. Las mujeres expresan mejor sus emociones, de una forma más completa. Y de clases. La población más acomodada se manifiesta de forma más resignada y pasiva, se pronuncia menos en clave de emociones agitadas.
Es lo que hay. Hagan ustedes la encuesta en su entorno y comuniquen sus hallazgos a este diarista. A lo mejor es una alternativa de entretenimiento superior a los memes de señores gordos y humoristas populares que frecuentan.
Hablando de entretenimientos y tareas que estimulen nuestra imaginación y bienestar; en esta casa nos propusimos adelgazar a base de bien para que cuando nos toque, puede que sea por sorteo, ir de vacaciones al pueblo luzcamos un tipo torero de primera. Vamos por el buen camino. Me falta un periodo de encierro de otros tres meses para llegar al peso que tuve en la mili cumplida en el desierto del Sáhara. Allí, entre la mala comida y la tortura de la instrucción policial que recibí, carreras por la saguia y desfiles por los pedregales de Hatarrambla, estaba hecho un pincel. Hablando del Sáhara no sabéis la ilusión que me ha hecho ver el vídeo que los niños saharauis han mandado a los españoles para darnos ánimo y fortaleza. Ellos si que saben de encierros. Desde 1976 llevan refugiados en un triste territorio argelino. Más que una verdadera cuarentena. Hagan lo posible por verlo.
Les hablaba de mi pueblo de veraneo y de la ilusión que tenemos por volver este verano. Con los resultados de la dieta que llevamos puede que en Ribadeo no nos conozca ni Fernando, el alcalde y eso ocasione que nos traten como refugiados huidos de la peste. Después de más de treinta años y de tener nuestra propia casa sería eso el más desagradable resultado final del encierro. Volver a Ribadeo es una de esas pocas ilusiones que a uno le quedan. Por cierto, saludos a los nuevos lectores del diario de la Marina lucense que tienen acceso a estas notas gracias a mi amigo Antonio Gregorio y su red de blogs Ribadeando.
Mañana más. Algo tendré que contar.
Besos
Ángel."
Etiquetas:
Ángel Alda,
coronavirus
20200402
E mañá, cambios
Xa hai algún tempo que están aparecendo artigos sobre a sociedade do futuro, 'do post-coronavirus'. A variedade de opinións é ampla, pero coido que hai un certo consenso en torno a dúas posturas complementarias. Unha sería o 'cambiar todo para que nada cambie', maioritaria, e outra, alternativa, defendendo posturas máis profundas e inconcretas, tentando combater aquelo que implica que "elaborar reivindicacións que podan ser satisfeitas confire por necesidade unha lexitimidade a quen ten o poder de satisfacelas."
En moitos casos apóstase por unha recesión global profunda e duradeira, mesmo cunha recuperación limitada debido a unha ansiedade que tardará en desaparecer. Nese sentido, apostaria (eu) máis ben por unha recesión forte pero unha recuperción tamén vigorosa palo sentemento de desfrute dese sentirse vivos despois da pandemia. Claro que iso pasa pola existencia dunha vacina e a validez da autoinmunización de quen xa pasou a infección.
Con todo, e por diferentes razóns, parece estar emerxendo un consenso sobre a idea de que "a normalidade era a crise". É dicir, non se pode considerar como 'normal' unha situación que nos estaba a levar á destrución do mundo como o coñecíamos, e que entre outras cousas, está demostrado que potenciou a posibilidade de pandemias como a actual ó tempo que debilitou as defensas sociais ó primar o individualismo e a privatización de recursos. Iso non quere dicir que non se volva ás andadas, que os satélites non volvan a amosar de novo picos de contaminación ou engrosamento da cantidade de gases de efecto invernadoiro. Nin que vaian cambiar por maxia os desequilibrios de poder existentes a todos os niveis. Nin, por suposto, que non vaia a xurdir unha sociedade peor da que tiñamos, a pesar dos cantos actuais e a solidariedade que parece rezumar, ou polo contrario, mellor, pesar do control e coerción dictatorial que se está a aplicar en maior ou menor grao por todo o mundo e que preconizaría a 'doctrina do choque'.
Están a saír á luz cousas evidentes que se mantiñan como moito nun segundo plano, como o efecto das políticas de austeridade sobre a sanidade ou educación, a influencia da corrupción sobre os servizos dispoñibles, a elusión de impostos e o aumento de débeda, as diferencias do valor outorgado ás vidas segundo o nivel sociopolítico de quenes as teñen, a diferencia de medios das persoas para afrontar calquera eventualidade (non só por cartos directos, senón por outras cousas antes máis etéreas como o lugar onde se vive), a diferencia de dispoñer dun sistema de sanidade público a non telo, etc. E isto, máis aló de que un determinado político ou outro, no día a día a día, esté tomando as mellores decisións posibles nun mar de incertidume sobre os datos e sobre a posibilidade efectiva de aplicar as medidas que conlevan esas decisións.
Están a saír e seguirán saíndo. Por medio das fakes, esperemos que se eleven e vaian decantándose as verdades. E tamén, que isto nos leve a pensar algo máis aló dos nosos propios narices, procurando unha sociedade (economía incluída, claro) que atenda ó coidado -de todos, e da Terra para todos para poder facelo efectivo- e a reparación/mantemento do entorno -do que é o entorno en todos os sentidos-, pois é sabido que se non hai mantemento, hai deterioro.
Non será a última vez que vexas algo disto. Seguramente con medidas concretas que non podo dar nin por extensión, nin por coñecemento, nin por disposición. Pero si vou insistir en algo que é posible que non saia tantas veces: ti es quen de participar no deseño e implementación dese futuro, por moi pequena que sexa a túa influenza. Actúa. Para ben.
Etiquetas:
coronavirus,
filosofía,
sociedade
Diario de un confinado en la plaza de Olavide. VECINOS. Ángel Alda
"
Jueves, 2 de abril de 2020
Hoy nuestros vecinitos del primero nos han avisado por el telefonillo que la floristería de su familia nos había dejado un regalo en la puerta de casa. Puerta abierta y halehoop, un estupendo tiesto florido, un hermoso cuadro y una dedicatoria manual que vale por todo un encierro. Gracias a nuestros tres Principitos. Seguro que la vida os recompensa este gesto.
Cumpleaños amenizados por los vecinos desde sus balcones. Regalos desde la distancia. Policías municipales como los de Altea que echan a volar sus drones para felicitar al niño Darío. Multiplica por miles estos detalles y tendrás un retrato muy fiel del clima fraterno que reina en nuestras calles.
Ya se que por encima de los balcones y, a veces, por el subsuelo de nuestras calles reina también la malicia, el cálculo, la división política y social. Lo estamos viendo. Los azuzadores. Los propagadores de bulos. Los que nunca están contentos. Siempre los ha habido. No van a desaparecer. Incluso sumarán a muchos descontentos.
Aunque los más peligrosos son otros. Los que dicen que todo es una exageración brutal. Que esto del Covid es una gripecinha como mantiene, veremos hasta cuando, el presidente del Brasil Bolsonaro. O que nuestro pueblo está protegido por Dios o por el vodka como dice el tirano de Azerbaiyán. O que la virgen de aquí o de allá extiende su manto sobre nosotros como el de México. O que tampoco pasa nada porque estos miles de viejecitos que la van a palmar ya están condenados, es cuestión de unos meses de más o de menos como afirmaba hasta hace dos tres días el primer ministro Boris Johnson. O, ojo al argumento que ayer vi reflejado en un texto del ABC, somos los viejos los primeros en querer ser sacrificados para que nuestros hijos puedan salir adelante económicamente, tal como hace nada comentaba el gobernador de Texas.
Aquí tenemos un pacto de honor. Queremos a nuestros abuelos junto con sus nietos. Queremos, necesitamos, incluso sus pensiones para soportar las crisis económicas cómo pasó en el 2008. Queremos que sigan llevando a nuestros hijos a la escuela para que podamos trabajar. Pero por encima de todo por amor, por cariño. Por respeto. Nadie nos va a quitar a nuestros padres y madres ancianos. Y pediremos cuentas de lo que está pasando en las residencias.
Y para navegar en este mar de sobreinformación, en este océano de datos falsos o inciertos fijemos la vista en uno solo muy claro. El número de muertos. Aquí no hay trampa ni cartón. Sirva solo un ejemplo, la Funeraria de Madrid informa que se están produciendo cinco veces más entierros e incineraciones que en cualquiera de los últimos años. Y nuestros ojos no nos engañan cuando vemos féretros alineados a cientos en el Palacio de Hielo. Esa es la estadística que nos convence. La de infectados no la conocemos. Ni siquiera la de ingresos. Ni la de muertos directamente vinculados a la epidemia. Pero si conocernos por su nombre, de uno en uno, a los enterrados. Aquí no hay fosas secretas.
Como ven mi ánimo de contar solo lo bonito no llega muy lejos. Alguien tiene que contar también lo que pasa camino de Vicálvaro. Mucho más cuando ni siquiera los hijos pueden acompañar el último adiós. Y hasta tienen que contratar el servicio funerario por internet.
Hasta mañana.
Ángel"
Etiquetas:
Ángel Alda,
coronavirus
20200401
Diario de un confinado en la plaza de Olavide. MIRAR A TRAVÉS DE LA ESPESURA. Ángel Alda
"Miércoles, 1 de abril
Entramos en Abril lluvioso y la primavera llena la plaza de verde espesura. Los árboles crecen con esplendor y con ello dificultan nuestra mirada a un parque deshumanizado. Somos seres con nostalgia del futuro y el cierre del espacio vegetal, nos nubla el cocimiento. Los árboles no te dejan ver el bosque.
La imaginación y el sueño te ayudan a levantar el velo. He llenado los huecos físicos recordando a mis amigos, a mi familia, a mis vecinos. Y la plaza se ha llenado de presencias. He recuperado la estampa del mercado y con viejas fotografías añosas han venido a saludarme los carniceros, el pescadero del Cantábrico y los dependientes de La Esperanza. Las balanzas, la guillotina del bacalao y los tarros de caramelos. Los delantales listados de verde y negro. Los blusones de los mieleros y los capazos de fresas de Aranjuez. He visto a Fortunata y Guillermina discutiendo en la esquina de Raimundo Lulio. Y a Miguel Hernández asomando su cabeza con mucho cuidado al salir de la imprenta de la calle Garcilaso donde ha vivido escondido sus últimos días en libertad.
Me he ido a tomar un café al Toma de Santa Feliciana. Allí Santiago me ha contagiado de la ilusión por su nueva tostadora. Vaya momento.
Y en el otro Santiago, el Mayor, el del Maracaná, he visto como Rafael Reig daba sus clases de literatura para caníbales ante un público que a gritos le reclamaba el tablero de ajedrez. No ha tenido más remedio que ceder el estrado al extremeño Landero que ha reconvertido el temario hacia otras gastronomías literarias. Luego me paso a escucharte pues están reclamando mi presencia un concejal y un diputado de Más Madrid. Jorge y Hugo quieren que les hable de certidumbres. Parece que un alto dirigente de la patronal ha exigido certidumbres. Hay que tener cojones.
No hay más certidumbre que el sueño. No hay seguridad sin olvido. Déjense llevar. Y dejen trabajar a los artistas.
Se habla mucho de economía. Buena señal. La esperanza de muchos son los nervios de unos pocos.
Ánimo que más se sufrió Noe en el diluvio.
Saludos.
Ángel"
Etiquetas:
Ángel Alda,
coronavirus
Subscribirse a:
Publicacións (Atom)





