20080624

El río Amalló. José Mª Rodriguez

-- Recollido do blog de José Mª Rodríguez --
Por la tradición oral y la escrita sabemos que la villa de Ribadeo, además de las fuentes que poseía intra y extra muros, tenía un río que lo abastecía de abundante agua para hacer frente a las necesidades industriales e higiénicas de los 130 vecinos que componían la población de la villa en aquella pasada época. En realidad se trataba de un río artificial, hecho por la mano del hombre. Tomaba el agua este río del actual de Vilaselán, que nace en la Fonte do Lobo, en los montes de Arca. Si mi información no es errónea este nuevo cauce captaba sus aguas del citado río, en el lugar denominado Río das Pedras, en la línea divisoria que en Reverte forman las parroquias de Ove y Piñeira. Por lo que se lee en una acta municipal del año 1536, en la que se dice que “en Febrero se mandó que todos los vecinos del condado trajesen piedra al Alza para traer el agua a la villa y para la posada de Ove”, sabemos que la construcción del río data de ese año. En su recorrido hasta la villa este río artificial discurría sucesivamente por los parajes de Vila Verde, por detrás de la Huerta de Ove, atravesaba el barrio de A Faxarda y, bordeando la Casa da Pega, entraba en Veiga de Aira, dirigiendo su recorrido hacia el actual Club de Tenis en donde giraba hacia la izquierda para dirigirse a la calle de San Francisco. Luego se dividía en dos brazos que continuaban, uno por debajo de la Fortaleza y otro por la plaza, según nos cuentan las crónicas de esa época. Continuaba desde allí su recorrido por la calle de La Paz hasta desembocar en las cercanías da Cova da Vella. Hacía una parada en el Campo para surtir de agua al famoso lavadero O Pipelo, construido en el año 1549, situado frente al Cantón. D. Francisco Lanza, autor de Ribadeo Antiguo, dice de este lavadero que era un lugar en el que “toda suciedad y todo escándalo tenían su asiento”. Y ya en el año 1772 un Maestro de gramática se refiere a él diciendo “que es patente a todos la desenvoltura, indecencia y ningún recato con que están las más de las mujeres que allí concurren a lavar …que acuden muchos a chocorrearse con las lavanderas… y que no se oyen sino juramentos, blasfemias, maldiciones, palabras obscenas, cantares escandalosos y cuanto malo se puede discurrir en esta materia”. En la primera parte de su recorrido el río era muy remansado y atravesado por numerosos pontones. Su recorrido fue aprovechado para hacer varios molinos harineros, tanto en A Faxarda como, sobre todo, en las proximidades de A Cova da Vella. Con el paso del tiempo el agua llegó a escasear por el uso abusivo que de ella hacían los molineros y los regantes de prados y tierras; y, según refiere Servando Méndez Sanjulián en sus Apuntes sobre Ribadeo, el concejo hubo de “tomar cartas en el asunto pleiteando en la Audiencia de La Coruña con los molineros y con los zapateros que se empeñaban en lavar en él los cueros”. El mal uso que los vecinos hacían del río impulsó al concejo a nombrar un riero que ejerciera de vigilante y se encargara de su limpieza y cuidado.
Hasta aquí la historia de este río, contada con breves palabras, que tiene su final en el año 1861 cuando el concejo encarga a D. Secundino Regueral el plano y estudio de la traída de aguas a la villa de Ribadeo desde las Fuentes del Lobo, dando así cumplimiento al estudio hecho por el ingeniero Guillermo Schulz en el año 1839.
El nombre de este río, según la tradición de los mayores y los documentos que lo mencionan, era el de río Amalló. Y en su recuerdo y como testimonio vivo de la historia pasada le fue recientemente dedicada una calle en el barrio de Alza: Rua do Río Amalló. Un raro topónimo que, al contrario de lo que es habitual, no se tiene conocimiento de que se repita en el resto de la geografía española, salvo curiosamente en Cubelas.
La singularidad de este topónimo despertó mi curiosidad sobre su valor etimológico. Un topónimo que constituye el único caso conocido aplicado a un río. Las dificultades que por su rareza representa el estudio sobre su origen son evidentes. Esto no obstante, se puede proponer como más probable y verosímil, salvo opiniones mejor fundadas, la siguiente explicación sobre su étimo.
Dado el carácter artificial de este río y su corta antigüedad, aplicarle el nombre de Río Amalló no parece que tenga sentido ni explicación lógica. ¿No ocurriría, más bien, que este río no sólo tomó el agua sino también el nombre del río originario del que procedía? Es evidente que el nombre de Río de Vilaselán, del que el río Amalló tomó sus aguas, no era el nombre original de ese río. Y no lo era porque mucho antes de que existiera el topónimo Vilaselán el río ya existía y debía de tener otro nombre. Pero, ¿qué nombre? Parece, pues, razonable pensar que estamos ante un caso de transferencia no sólo de agua, sino también de nombre. Es razonable pensar que el nombre de río Amalló fue tomado, lo mismo que el agua, del río de Vilaselán, que lo perdió a favor de aquel. De otra forma no se explica que un topónimo con un origen etimológico tan antiguo le sea aplicado a un río sin historia, artificial y reciente. Como sabemos, el cambio de nombre en los ríos es un fenómeno bastante frecuente. Ejemplos varios tenemos en nuestro propio concejo, como es el caso del río Alesancia que ahora se llama Río Grande o el del río Mera que sin duda es el actual río de A Capela y aún en nuestros días la misma playa de Augas Santas fue bautizada recientemente con el nombre de As Catedrais.
¿Cuál es el verdadero origen y significado del topónimo Amalló? Frente a otras posibles explicaciones y a falta de la adecuada documentación medieval que nos descubra la forma literal que tenía este nombre, me atrevo a exponer la siguiente como la explicación más lógica y fundamentada y, por lo tanto, la más segura:
En la palabra Amalló se encuentra la raíz *mal- ‘orilla de río’, una vieja raíz paleoeuropea de claro valor hidronímico y de la que proceden un amplio número de nombres, todo a lo largo de la península, y aun fuera de ella, relacionados directamente o indirectamente con el agua. Los abundantes ejemplos más cercanos y conocidos que corroboran esta afirmación son innumerables en Galicia; nombres como Malpica, o los numerosos ríos Malo o Mao (con caida de la -l- intervocálica), Malvela o Malage en Orense o Malagón en Viveiró, todos de valor hidronímico. En todos ellos está presente la mencionada raíz *mal- relacionada con el agua, lo que confirma su valor hidronímico.
Partiendo, pues, de la citada raíz hidronímica *mal-, más el sufijo -ío añadido y el diminutivo -ola, se formaría la palabra *malliola, con la -l- geminada. Como es usual en gallego la -l- intervocálica del diminutivo -ola desaparece, como en volar/voar, quedando así la palabra *mallioa, que, al reducirse el triptongo -ioa en -o, forma la palabra malló, como *caniŏlum forma el gallego cañó. Este sería el proceso lógico de la evolución de este topónimo al romance. Pero, ¿qué pasa con la A- de A/malló? Como ocurre en tantos otros casos esta A- inicial no es más que un artículo, femenino a causa de la terminación femenina de la palabra, A Malliola, que en la pronunciación popular se fundió con el nombre al perder este su sentido original, como sucedió con Alaxe, parroquia de Valadouro, hoy recuperado por el Nomenclator de Galicia como A Laxe.
El Nomenclator de Galicia nos ofrece cinco nombres, procedentes de esta misma raíz *mal-, denominados O Malló. Uno en Galdo, Viveiro, otro en Alto de Xestoso, en Montfero; otro en Coiro, en Caracha; otro en Devesos, en Ortigueira y otro en San Fiz de Montfero. En todos estos casos la diferencia está en el artículo, que en estos es masculino. Curiosamente, en nuestro propio concejo, en los términos del barrio de Saa, en Cubelas, junto al Río Grande que divide los barrios de Saa y Marelle, hay una zona denominada O Amalló. El mismo topónimo que el del río de Ribadeo, pero en este caso precedido del artículo masculino debido a la terminación masculina del vocablo.
La secuencia evolutiva de esta palabra sería, pues, la siguiente: A malliola < A mallioa < A malló < Amalló.
Buscar otras explicaciones que justifiquen este topónimo, como sería relacionarlo con el vocablo gallego Amalló ‘cordón de cuero para atar los zapatos’ por el simple hecho de que en ese río, como hemos visto, solían lavar las pieles los zapateros, no parece ser consistente ni tener mucho sentido. La primera hipótesis parece, sin duda, ser la más acertada y concluyente.
José Mª Rodríguez

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